¿qué sabe ud. de Ecología?
Para quienes viven en Argentina
y para los que viven en otros países
Gracias por intervenir !
Por June Fletcher
redactora de THE WALL STREET JOURNAL
Quien dijo que "no es fácil ser ecologista" probablemente nunca vio un inodoro de cerámica BioLet. Esta unidad, benigna con el medio ambiente, parece igual a un inodoro común (excepto por la manilla de la cadena), no necesita agua y debe ser vaciado pocas veces al año.
"A mi esposa y a mi hija no les gustaba mucho al comienzo; pero ahora odiaríamos tener que deshacernos de él", dice Kent Witte, abogado que compró un BioLet para su casa de vacaciones en Columbus, Indiana. Algunas veces al año, Witte se pone guantes de goma, mete las manos en la taza del baño y saca desperdicios secos, convertidos en abono, que pone en una bandeja, para arrojar como desperdicio.
Según el fabricante, BioLet Composting Toilets Inc., los microorganismos convierten cerca de 45 kilos de desecho humano en 2,25 kilos de abono. El desecho se seca con un ventilador que se activa automáticamente cuando una persona se sienta. "No se produce ningún olor", dice Witte refiriéndose al inodoro, que se vende entre u$s l.000 y u$s 2.000.-
En los últimos años, han aparecido en el mercado nuevos artículos y materiales que ofrecen causar un mínimo daño a la tierra y a la salud del usuario. Estos son algunos de los productos apropiados para el dueño de casa ecologista:
La pintura fabricada a base de leche o de plantas se usó durante cientos de años antes de que surgieran los disolventes químicos. En estos momentos, goza de una renovada popularidad entre la gente que rechaza los químicos y emanaciones de las pinturas modernas, según cuenta Kathleen Di Natale, vocera de EcoDesign Co., compañía de Nuevo México que vende pinturas naturales de marca BioShield. Aunque Di Natale no denomina sus productos como "orgánicos" , las pinturas, disolventes y ceras de la compañía provienen exclusivamente de fuentes como resina de árboles, cera de abejas y arcilla.
Las pinturas y los pigmentos naturales no tienen la gama de colores de las pinturas tradicionales, y tienden hacia el marrón pálido, el rosa y el azul, en vez de tonos primarios. Además, son más caras: cuestan entre u$s 6,5 y u$s 8 por litro, en comparación con la pintura corriente, que cuesta entre u$s 3,15 y u$s 6,5 por litro, dependiendo de la calidad.
SunFrost, una empresa de California, produce un refrigerador solar que no necesita una fuente externa de electricidad y que tampoco produce ese molesto ruido que es común en las neveras. Además, tiene el compresor arriba, en vez de abajo de la unidad, por lo que también ayuda a enfriar la cocina; "No le veo ningún defecto a este refrigerador", dice Ken Haggard, arquitecto que instaló un refrigerador solar de gran tamaño en su casa y oficina en San Luis Obispo, California. Bueno, existe un pequeño problema con el mal tiempo: varios días nublados podrían hacer que el helado se derrita.
Larry Schussler, presidente de SunFrost, dice que ya ha vendido 6.000 refrigeradores solares desde que inventó el modelo, 12 años atrás. El precio va desde u$s 1.325 por el modelo más pequeño, de 120 c.c., hasta u$s 2.500 por el más grande, de 480 c.c.
Justo lo que necesitan los usuarios de teléfonos celulares que viven cerca de plantas eléctricas: camisas de dormir, lencería y calzoncillos enchapados en plata.
William Rea, director de la American Environmental Health Foundation, una organización sin fines de lucro, dice que sólo una minoría se ve afectada negativamente per campos electromagnéticos, pero que algunos se benefician con la ropa interior plateada.
Barbara K. Lunde, una ingeniero de telecomunicaciones de Washington, empezó a fabricar estas prendas hace 14 años, utilizando telas diseñadas para bloquear antenas portátiles y otro equipo. "Originalmente lo inventé para protegerme yo", explica, porque trabajaba cerca de una antena FM y tenía latidos de corazón irregulares. Ahora vende entre 100 y 200 prendas al año.
Un informe redactado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos en 1996 concluyó que no hay relación entre los campos electromagnéticos y el cáncer, pero otros estudios han sugerido posibles efectos en la producción de hormonas. Lunde reconoce que la evidencia que sugiere que estos campos producen daño es casuística, pero "si uno piensa que necesita protección, allí está".