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La utilización del agua con fines terapéuticos es tan antigua como la vida del hombre sobre el planeta. Todos los pueblos han utilizado el agua paro curar, y todas las religiones se han servido de ella como elemento purificador dentro de sus ritos. El agua está presente en las mitologías de los pueblos antiguos, y siempre relacionada con la generación de la vida.
ISABEL FERNÁNDEZ DEL CASTILLO
NATUROPATA
"Tomar las aguas" tiene un significado mucho más atávico y simbólico de lo que en principio pudiera parecer a nuestra racional mente occidental. De hecho, cuando la milenaria tradición de los balnearios parecía definitivamente vencida por la moderna medicina, asistimos desde hace unos años a su renacer. Y este renacer no se debe sólo a la constatación de las propiedades terapéuticas del agua.
En esta cultura nuestra, urbana y alejada de la naturaleza, el contacto con las aguas termales o con el agua de mar tiene el poder no sólo de reconectarnos con la naturaleza, sino de evocar las sensaciones de bienestar total y de éxtasis que todos vivimos durante los nueve meses en que flotamos en un cálido océano de agua: el útero materno, el paraíso perdido.
Sumergirse en un baño de agua termal o marina a 37 grados es algo más que experimentar la acción terapéutica de sus componentes, es reconectarse con lo más profundo y primario de nuestra psique: es, por lo tanto, ayudar a desencadenar ese proceso de recuperación cuyo principal protagonista es el propio cuerpo.
El agua ancestral.
La tradición de las aguas termales se remonta a miles de años atrás. No hay pueblo que dispusiera de fuentes termales que no las utilizara con fines curativos. Puede decirse que es un fenómeno universal. En la Grecia antigua, los templos de curación dedicados a Esculapio solían construirse en las proximidades de una fuente termal.

Los romanos sembraron Europa de termas, centros aglutinadores de la vida social, que sirvieron de base para el enorme desarrollo del fenómeno de los balnearios que se produjo en los últimos dos siglos en Alemania, Francia, Italia, España, etc. Los baños también ocuparon un lugar importante dentro del desarrollo de la cultura árabe.
Los indios americanos del norte y del sur hacían uso de las aguas termales con fines terapéuticos, y algunas tribus, para fortalecerse antes de las batallas. Tanto consenso no puede ser fruto de la casualidad.
Agua para la salud.
El agua en uso externo puede utilizarse con fines terapéuticos de varias formas. La hidroterapia utiliza cualquier tipo de agua, incluida la del grifo, basando su acción en las distintas temperaturas y formas de aplicación (envolturas, baños, etc.).
El termalismo o crenoterapia se sirve de las aguas que brotan de las fuentes termales, y la talasoterapia del agua del mar. En estas dos modalidades es importante tanto su composición (elementos disueltos) como su forma física de aplicación (chorros, duchas, baños). La temperatura que suele utilizarse es la misma que la del cuerpo, es decir, entre 36 y 37 grados.
Las aguas termales también se utilizan por vía interna por los efectos terapéuticos de sus componentes.
El termalismo hoy día.

Actualmente la cura termal está siendo recuperada como práctica terapéutica habitual, estando en algunos países subvencionada por la Seguridad Social (Francia, Italia, Alemania, Portugal, etc.). En España la Seguridad Social está desarrollando un interesante programa de termalismo para la tercera edad.
Pero sin duda este nuevo interés por las curas termales o de talasoterapia es también fruto de la propia evolución de nuestra sociedad, que va creando nuevas necesidades en materia de salud y bienestar.
La presión de la vida moderna, con su alto nivel de exigencias, el estrés, la antinatural vida urbana, son factores que originan un mayor desgaste vital, al tiempo que una fuerte presión social nos obliga a mantener una imagen "joven y saludable" a cualquier precio.
Por otro lado, el aumento de la esperanza de vida, y el incremento de las enfermedades crónicas y degenerativas plantean situaciones que requieren de terapias globales, que permitan mejorar la salud en su conjunto, y con ello la calidad de vida. La población de la tercera edad no se resigna a verse limitada en el disfrute de su bien ganado tiempo libre, por trastornos que le limiten su libertad y operatividad.
Las aguas termales.
Las aguas mineromedicinales surgen de las profundidades de la tierra, y por sus cualidades físicas, químicas y biológicas pueden ejercer efectos terapéuticos sobre la salud. Este efecto es más intenso cuanto mayor es la proximidad del manantial, lo que ha dado lugar a la construcción de las termas y los balnearios, donde pueden aprovecharse los efectos no sólo hidroterápicos, sino climatológicos, telúricos, etc.
Modernamente la ciencia ha intentado comprender cuál es el efecto fisiológico de estas aguas, analizando su composición de sales minerales, gases y componentes orgánicos, así como la temperatura, y características de los fangos. Cada fuente termal tiene su historia y sus características. Sin embargo, el conocimiento empírico ya asignaba a estas fuentes efectos concretos sobre el aparato locomotor, digestivo, respiratorio, genito-urinario, etc.
Las propiedades terapéuticas de las aguas se derivan de su composición química (proveniente de los terrenos que atraviesan o donde se acumulan): sales minerales, gases y materia orgánica.

Las aplicaciones de las aguas son diversas:
En aplicación interna: mediante ingestión del agua, en cantidades variables durante el día. Por su composición, las aguas cuya principal indicación es por vía interna son: Las aguas de débil mineralización, indicadas para trastornos de las vías urinarias y del metabolismo del ácido úrico.
Las aguas sulfatadas y sulfuradas, indicadas para el aparato digestivo y hepáti-co. Las aguas bicarbonatadas, por su poderoso efecto alcalinizante, indicada en los trastornos digestivos con hipersecreción, como gastritis, etc. Las ferruginosas por su efecto sobre la absorción del hierro, y por lo tanto aplicables en casos de anemia, etc.
En aplicación externa: por medio de baños, chorros a presión, etc. Prácticamente todas las aguas termales se aplican externamente, por sus efectos térmicos, mecánicos y por sus componentes mineralizantes, que a determinada temperatura pueden penetrar por la piel en pequeñas cantidades.
Las duchas y los chorros a presión ejercen un poderoso masaje que mejora la circulación general y tiene un efecto a la vez relajante y estimulante sobre la musculatura y el sistema nervioso.
En cuanto a los baños en piscina, es importante la utilidad del agua a temperatura corporal por su efecto relajante muscular y vascular, y por el efecto de resistencia al desplazamiento, lo que la hace un medio extraordinario donde realizar ejercicios con fines rehabilitadores.
Las inhalaciones, aplicaciones en forma de vapor o gaseosa, se recomiendan para el tratamiento de determinadas afecciones del aparato respiratorio.
Las irrigaciones vaginales se utilizan para tratar afecciones locales. Los peloides son los barros termales formados por la combinación del agua termal con la tierra del manantial. Su aplicación es externa, y tiene un efecto térmico importante, al conservar el calor durante largo tiempo.
Baños de vapor o sauna.
En todos los casos es el médico del balneario quien, tras una entrevista con el bañista, establece cuál es el programa de baños y actividades más adecuado.
La talasoterapia.
La utilización del agua del mar (del griego talasos) con fines terapéuticos en centros especializados es un fenómeno más reciente que el termalismo. De hecho, el término tala-soterapia fue creado en Francia en el siglo XIX.
El agua de mar ha venido utilizándose con fines recreativos y terapéuticos desde siempre, y en las últimas décadas de forma masiva. No hay que olvidar los éxodos que se producen en verano en busca de un lugar bajo el sol y cerca del mar. Ya en el siglo pasado, los baños de sol y mar se utilizaban para tratar y prevenir el raquitismo en los niños.
El mar y el hombre.
Fue en 1904 cuando René Quinton publica su obra El agua de mar, medio orgánico, en la que sostiene la hipótesis de que la primera célula viviente surgió en el mar. Sus investigaciones sobre el agua de mar le llevaron a comprobar la asombrosa similitud entre su composición y la de nuestro plasma sanguíneo. De hecho, su pH es muy parecido. Es como si el mar formara parte de nosotros. De hecho, el agua de mar se utiliza (plasma de Quinton) con éxito en Francia para tratar la deshidratación en los niños.
El agua de mar tiene por su composición propiedades terapéuticas importantes, entre las que destaca su efecto antibiótico y remineralizante. La aplicación en forma natural (baños de mar) o en forma de baños calientes determinan efectos diferentes.
La talasoterapia propiamente dicha utiliza agua de mar de recogida reciente, convenientemente filtrada y calentada hasta la temperatura de entre 36 y 37 grados, para realizar aplicaciones hidroterápicas por medio de baños, chorros a presión, hidromasaje en bañera, etc.
El objetivo de estas terapias es relajar los grupos musculares hipertónicos, remineralizar (por ósmosis, a través de la piel), mejorar el drenaje de los tejidos y ayudar a recuperar la movilidad de las articulaciones. Tiene efectos relajantes y sedantes.
Sin duda, una de las prácticas más interesantes es el ejercicio realizado en piscina, frente a poderosos chorros de hidromasaje. La temperatura del agua induce una cierta relajación muscular, que favorece los ejercicios de movilidad, facilitados por el profundo masaje de los chorros subacuáticos. Esta práctica es la única que une tres efectos distintos al mismo tiempo: la terapia del calor, la del masaje y la del ejercicio en un medio acuático que ofrece resistencia.
El resultado es un poderoso efecto tonificante y relajante a la vez, y muy adecuado para todas aquellas personas que padecen de enfermedades o trastornos del aparato locomotor: artrosis, artritis, contracturas musculares, etc. Después de unos días de cura es notable la re-cuperación funcional y de movilidad de las articulaciones.
Las técnicas más usadas en talasoterapia son:
- Masaje subacuático en piscina acompañado de ejercicios de movilidad (ya comentado).
- Masaje subacuático en bañera, chorros a presión, etc. Estos masajes estimulan la circulación, produciendo una vasodilatación importante, así como un importante drenaje de los tejidos, por lo que resulta muy adecuado en trastornos de tipo acumulativo: obesidad, celulitis, artritis, etc.
- Aplicaciones locales de concentrados de algas y peloides, con importantes efectos térmicos y remineralizantes.
- Electroterapia, por medio de aplicaciones de onda corta, ultrasonidos, etc.
- Terapias de recuperación funcional cuando es necesario, incluyendo masaje, gimnasia de reeducación en piscina o en sala, etc.
La cura de rejuvenecimiento.
La creciente complejidad de nuestra forma de vivir va haciendo cada vez más necesario el concederse "un respiro" de cuando en cuando en un lugar adecuado, próximo a la naturaleza, que permita descansar y revitalizarse, y tratar al mismo tiempo de forma integral los problemas de salud.
La vida urbana necesita antídotos, y una buena cura termal o de talasoterapia es un buen antídoto. Antiguamente en Europa el balneario era un centro de vacaciones, donde tomar los baños y al mismo tiempo hacer vida social.
Esta fórmula tuvo su momento de esplendor en el siglo pasado, pero hoy día está superada, sin duda debido a un cambio en nuestras necesidades, y a una mentalidad más pragmática, que busca rentabilizar al máximo un tiempo "arañado" con dificultad a una vida laboral exigente, para dedicarlo a la salud.
Con el avance de la medicina de los últimos tiempos, y concretamente, gracias a las valiosas aportaciones de la medicina naturista, el concepto de cura termal ha evolucionado considerablemente, ya que incorpora a la cura propiamente dicha otros agentes terapéuticos que potencian su eficacia. Además de alivio de los trastornos de salud lo que se busca es una auténtica "puesta a punto", una cura de revitalización y rejuvenecimiento.
Por otro lado, la estancia en un centro de este tipo puede ser la oportunidad largo tiempo esperada para cambiar algunos hábitos, introducir mejoras en la alimentación, o para iniciar la práctica de algún ejercicio, todo lo cual puede ayudar a prolongar y estabilizar los efectos de la cura termal.
Tampoco es desdeñable el beneficio psicológico derivado de un descanso en un centro termal, alejado de las exigencias diarias, dedicado por entero al cuidado y mejora de la salud, ayudado por personal especializado, y en compañía de otras personas con un mismo objetivo. Puede ser la oportunidad de un auténtico descanso mental y emocional.
Existen varios aspectos cuya importancia como coadyuvantes de la propia cura termal están siendo paulatinamente tenidos en cuenta e introducidos en los programas de los centros:
La dieta. No hay que olvidar que la dieta occidental típica es desequilibrada, ya que es excesiva en el aporte de algunos nutrientes, como proteínas y grasas animales. Los elevados consumos de café, alcohol, dulces, cereales refinados, etc., y formas de preparación poco saludables, como las frituras, etc., dan origen al cabo de los años a numerosas enfermedades de carácter acumulativo y metabólico, como la obesidad, la artritis, problemas digestivos y vasculares, etc.
Es indudable que una cura termal unida a una dieta hipotóxica y desintoxicante potencia considerablemente su efecto terapéutico, a la vez que resulta muy instructivo para el enfermo. El ejercicio. El sedentarismo, la falta de movimiento, las tensione musculares que se cronifican produciendo acortamientos y contracturas, las acumulaciones toxínicas, etc., van poco a poco restando elasticidad y movilidad a los músculos y las articulaciones, creando las condiciones para las patologías del aparato locomotor, tan dolorosas y molestas. ¿Quién no padece, aunque sea ocasionalmente, de dolores de espalda? Ejercicios adecuados, no violentos, que promuevan la relajación, el estiramiento muscular y la recuperación de la elasticidad son un poderoso potenciador de los efectos de las aguas termales o marinas.
En este orden, ejercicios como el yoga, el tai chi, los estiramientos, etc., pueden resultar, además de sumamente terapéuticos, todo un descubrimiento para los clientes. La elección de uno u otro tipo de ejercicio debe estar guiada por personal médico especializado.
Dentro de los ejercicios no hay por qué excluir la práctica de deportes recreativos siempre y cuando no estén contraindicados: natación, golf, marcha, etc. No sólo el ejercicio, sino la diversión, el juego y el esparcimiento son elementos importantes en un programa de revitalización y rejuvenecimiento.
Algunos centros incluyen en su oferta otras terapias naturales, como la acupuntura, la fitoterapia, la osteopatía, etc., según las necesidades de cada paciente.
Un capítulo interesante dentro de la oferta de los más modernos centros termales lo constituyen los tratamientos de belleza. Descansar y mejorar la salud ya es embellecedor. Aprovechar una estancia termal para hacerse algún tratamiento con vistas a mejorar el aspecto exterior, resulta muy gratificante y psicológicamente reconfortante. No hay que olvidar que una cura de este tipo es una oportunidad para ocuparse de uno mismo y hacer una "revisión general", de la que emerger lo más sano y bello posible.
Climatismo.
Cuando el balneario o el centro termal está bien emplazado, a los efectos propios de las aguas se une el beneficio indudable de la inmersión en un ambiente climatológicamente estimulante y sanador, cuando la excesiva urbanización no lo ha alterado. Es notable el efecto tranquilizador y a la vez vigorizante de la ionización atmosférica negativa que se produce en la alta montaña, cerca del mar o cerca de cursos de agua importantes.
Es importante también tener en cuenta la época del año y la zona climática elegida para hacer una cura, ya que no es lo mismo un balneario situado en la alta montaña que en el área me-diterránea.
Cómo elegir el centro adecuado.
Antes de elegir el centro termal o de talasoterapia más adecuado, es muy conveniente informarse de cuáles son las indicaciones de sus aguas (en el caso de los balnearios); el estado y calidad de sus instalaciones; su lugar de emplazamiento; los servicios complementarios, como asesoramiento y restaurante dietético, actividad física asistida, masajes, instalaciones deportivas, etc.
Hay grandes diferencias entre unos centros y otros en cuanto a la calidad de la oferta, y la puesta al día de sus instalaciones. Ello puede hacer algo complicada la elección, pero un mayor nivel de conocimientos y exigencia por parte de la clientela no puede sino beneficiar, a la larga, la calidad de los servicios.
En el caso de enfermedades crónicas y graves, es importante, antes de embarcarse en una cura, tener una conversación telefónica con el médico encargado de la gestión sanitaria del balneario o centro en cuestión y asegurarse de que la cura no resulta contraindicada.