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Alimentos orgánicos

Una alternativa que crece y se exporta

Argentina es el segundo país del mundo en cantidad de hectáreas certificadas como de producción orgánica. Siguiendo la tendencia europea, se abrió un mercado exportador y nuevas posibilidades para los productores.

Gabriela Samela.
Especial para Clarín.com
conexiones@claringlobal.com.ar

Mucho antes de que los alimentos orgánicos ingresaran a la ficción televisiva popular, a través del personaje de Mauricio en "Resistiré" (productor de pollos orgánicos) o el de Chichita Uriarte en "Los Roldán" (consumidora de productos de huerta), la Argentina ya se había posicionado como uno de los países con mayor cantidad de tierras dedicadas a la producción ecológica en todo el mundo.

De hecho, de acuerdo a datos del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO), nuestro país se encuentra en segundo lugar en el ranking mundial de cantidad de hectáreas certificadas como orgánicas, detrás de Australia.

Durante las dos últimas décadas, la Unión Europea se ha convertido en la región con mayor demanda de este tipo de productos. La creciente conciencia sobre las consecuencias que pueden tener las formas convencionales de explotación agropecuaria -vaca loca mediante- ha impulsado el consumo de los llamados alimentos biológicos, aquellos que para su producción y elaboración prescinden de productos de síntesis química, como pesticidas, fertilizantes o colorantes.

"La alimentación orgánica es una tendencia mundial desde el consumo y, también, desde la producción", dice Rodolfo Tarraubella, presidente del MAPO. Y explica: "En los países más desarrollados el consumo tuvo una taza de crecimiento anual de entre 15 y el 25 por ciento en la década que va del 1992 a 2002. Y, aunque en los últimos dos años se amesetó, no ha dejado de crecer". Tarraubella reconoce que, del lado de los productores la tendencias es incipiente y, a la vez, muy fuerte. "Como la demanda excede a los países consumidores, los productores se encuentran principalmente en países subdesarrollados", sintetiza.

El interés europeo también encuentra expresión en la promoción de este tipo de actividad en países del Tercer Mundo. A través de un Convenio de Cooperación con el gobierno italiano, ICEI, una ONG de ese país, y la argentina Fundación del Sur, implementaron el Proyecto Orgánicos en Argentina. Se trata de un plan de apoyo a pequeños productores de la Cuenca Orgánica de San Javier, en la Provincia de Misiones, una comunidad de 650 habitantes que viven del trabajo de sus tierras.

Franco Borelli, Director de ICEI, resalta las ventajas sociales y económicas de este tipo de producción. "Al no utilizarse aditivos químicos, se hace necesario aumentar el número de trabajadores por hectárea", dice. Además, en términos económicos, es especialmente ventajoso para los países subdesarrollados "ya que como se trata de una producción de nicho, hasta ahora no tiene una cuota de importación en los países consumidores y, en países como los Estados Unidos, tiene menos barreras arancelarias".

Por el momento, el principal problema es que "existe una diferencia marcada entre los precios de estos productos y los de la agricultura convencional. Pero a medida que la extensión orgánica crezca, los precios van a bajar", asegura Borelli.

Los alimentos orgánicos se caracterizan por seguir rigurosas pautas para su producción y elaboración, que se encuentran reguladas por una norma específica. Además de prescindir de insumos de síntesis química (como pesticidas, herbicidas, fertilizantes y saborizantes), tampoco admiten el uso de ingeniería genética. Además, los animales son criados en forma natural, y alimentados a pasturas.

Por lo tanto, estos alimentos, además de ser saludables, colaboran con el mantenimiento de la biodiversidad y la protección de los recursos naturales. Para poder etiquetar un producto como orgánico, el proceso debe ser controlado por empresas certificadoras, a su vez aprobadas por el SENASA.

En la Argentina, el 95 por ciento de los productos orgánicos se exportan, lo que significó un ingreso de 35 millones de dólares en 2003 según la Cámara Argentina de Productores Orgánicos Certificados (CAPOC). Aunque sólo el 5 por ciento de la producción local queda en el mercado interno el país ha ganado mucho en conocimiento sobre este tipo de alimentos.

Desde Proyecto Orgánico aseguran que, para que estos productos puedan incorporarse definitivamente a las mesas argentinas no sólo se necesita tiempo: "Falta un cambio cultural y otro marco económico", dicen.