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Patrimonio Natural y Cultural

Ambiente, Turismo y Preservación

Tratamiento conjunto del patrimonio natural y del patrimonio cultural. Ya en 1964, la Carta de Venecia planteaba en forma inequívoca la relación entre ambiente y patrimonio: "La noción de monumento comprende la creación arquitectónica aislada, así como también el sitio urbano o rural que nos ofrece el testimonio de una civilización particular, de una fase representativa de la evolución, o de un proceso histórico. Se refiere no sólo a las grandes creaciones sino, igualmente, a las obras modestas que han adquirido, con el tiempo, un significado cultural"[i].

Hoy nos importan tanto los objetos que testimonian la vida cotidiana de las personas en la Antigüedad como las estatuas de sus dioses, los símbolos de los grandes personajes históricos y los demás objetos de arte. Hay motivos para conservar una casa en la que vivió Sarmiento, pero también una pulpería en la que bebieron y se apuñalaron gauchos anónimos.

Lo mismo ocurrió con el entorno de los grandes monumentos. Antes, la sugerencia era: "-Tiren abajo esas callecitas para que se pueda ver bien el palacio". Hoy la actitud es preguntarse de qué modo esas callejuelas enmarcan el palacio y le dan sentido, ya que a menudo se han originado y desarrollado vinculándose entre sí. Poco a poco, entra en crisis el modelo de conservar sólo los monumentos importantes: las iglesias barrocas de San Pablo, ahogadas entre rascacielos, son víctimas de un desarrollo urbano irracional. En el caso de Granada, el siglo XIX recuperó la Alhambra y el siglo XX salvó de la piqueta el Albaicín, el barrio árabe que desde hace mil años mira hacia la Alhambra. Pero el Albaicín no es una gran obra de arte. Es sólo un barrio medieval, que recrea la forma de vida de aquella época. Hay entonces, motivos artísticos para conservar algunas cosas y motivos históricos para conservar otras.

El siglo XIX no pudo ver el barrio árabe que enfrenta a la Alhambra.

Hoy los franceses se preguntan si tiene sentido restaurar la catedral de Notre Dame sin pensar si el Sena está limpio o si es una cloaca, y sin tener en cuenta que la contaminación del aire le va comiendo las gárgolas que esculpió Viollet-le-Duc. El avance de la realidad hace que en todo el mundo se vaya hacia la protección conjunta del patrimonio natural y del patrimonio cultural.

A partir de allí, y de muchos episodios similares, se empieza a pensar en conservar las áreas antiguas en todas partes, aún aquellas que no rodean un monumento artísticamente significativo, y también su entorno natural y cultural. Es el caso del barrio de San Telmo y de la ciudad uruguaya de Colonia del Sacramento. Por supuesto, qué merece ser conservado y qué no lo merece es siempre objeto de polémicas y de puntos de vista opuestos.

Concepción de la UNESCO sobre la integración del patrimonio natural y el cultural.

Esto tiene que ver, además, con los desarrollos de la UNESCO, que refuerzan cada vez más la relación entre patrimonio natural y cultural[ii]. Para los organismos internacionales lo natural y lo cultural forman parte del patrimonio común de la Humanidad. Estos organismos han pasado de reclamar la preservación individual de determinados monumentos a la de los sitios que los integran. En consecuencia, han planteado la necesidad de una normativa integrada en este terreno. Por eso, la declaración de sitios como pertenecientes al Patrimonio de la Humanidad bajo el auspicio de la UNESCO incluye tanto sitios naturales como culturales.

No es posible hablar de las Misiones Jesuíticas sin tener en cuenta la selva en la que están insertas.

En particular, la Declaración de Nairobi de la UNESCO tiene precisas directivas que apuntan a la integración de la preservación patrimonial con los criterios ambientales.

Al respecto, la UNESCO recomienda:

  • La protección del ambiente al que pertenecen los conjuntos históricos: "Los conjuntos históricos y su medio deberían ser protegidos activamente contra toda clase de deterioro, en especial los resultantes de un uso inapropiado, aditamentos parásitos y transformaciones abusivas o desprovistas de sensibilidad que dañan su autenticidad, así como los provocados por cualquier forma de contaminación".
  • La participación de equipos multidisplinarios en la preservación del patrimonio cultural, incluyendo las disciplinas ambientales: "Los planes y documentos de salvaguardia se deberían preparar después de haberse efectuado todos los estudios históricos necesarios por equipos pluridisciplinarios compuestos, en particular de: especialistas en conservación y restauración, incluidos los historiadores del arte; arquitectos y urbanistas; sociólogos y economistas; ecólogos y arquitectos paisajistas; especialistas en sanidad pública y bienestar social".
  • La protección de los conjuntos históricos de la contaminación visual: "Deberían protegerse los conjuntos históricos y su medio contra la desfiguración resultante de la instalación de soportes, cables eléctricos o telefónicos, antenas de televisión y signos publicitarios en gran escala. Cuando ya existan, se tomarán medidas adecuadas para suprimirlos. Se deberían estudiar y controlar con el mayor cuidado los carteles, la publicidad, luminosa o no, los letreros comerciales, el mobiliario urbano y el revestimiento del suelo para integrarlos armónicamente con el conjunto".
  • La protección de los conjuntos históricos de las diferentes formas de contaminación: "Los Estados Miembros y las colectividades interesadas deberían proteger los conjuntos históricos y su medio contra los daños cada vez más graves causados por ciertos adelantos tecnológicos (como las diversas formas de contaminación) prohibiendo la implantación de industrias nocivas en sus cercanías y adoptando medidas preventivas contra los efectos destructores del ruido, los choques y las vibraciones producidos por las máquinas y los vehículos".
  • La solución a los conflictos ambientales creados por los automóviles: "Dado el conflicto que existe en la mayor parte de los conjuntos históricos entre el tránsito automóvil, por una parte, la densidad de la trama urbana, y las cualidades arquitectónicas, por otra, los Estados Miembros deberían incitar y ayudar a las autoridades locales a buscar medios de resolver este problema. Para lograrlo y para favorecer el tránsito de peatones, convendría estudiar con sumo cuidado el emplazamiento y el acceso de los parques de estacionamiento periféricos, e incluso centrales, y establecer redes de transporte que facilitarán al mismo tiempo la circulación de los peatones y los servicios de transportes públicos" [iii].

En el mismo sentido, las cartas del ICOMOS advienten sobre el riesgo de subordinar el tratamiento del recurso turístico a los intereses del mercado, siempre preocupados por la rentabilidad del corto plazo y poco adecuados para implementar criterios sustentables.

"En todo caso, -señala el ICOMOS- con una perspectiva de futuro, el respeto al patrimonio mundial, cultural y natural, es lo que debe prevalecer sobre cualquier otra consideración, por muy justificada que ésta se halle desde el punto de vista social, político o económico.

Tal respeto sólo puede asegurarse mediante una política dirigida a la dotación del necesario equipamiento y a la orientación del movimiento turístico, que tenga en cuenta las limitaciones de uso y de densidad que no pueden ser ignoradas impunemente. Además, es preciso condenar toda dotación de equipamiento turístico o de servicios que entre en contradicción con la primordial preocupación que ha de ser el respeto debido al patrimonio cultural existente." [iv]

Podemos dar numerosos ejemplos de esta infraestructura que contradice la preservación tanto el patrimonio natural como del cultural. La ruta que atraviesa el Parque Nacional los Venados, en San Luis, sin tener en cuenta la forma en que afectará a ese ecosistema. El daño paisajístico provocado por hoteles ubicados en sitios en los cuales se ofrece a los turistas la contemplación del mismo paisaje que el hotel está dañando. Por ejemplo, el hotel ubicado en las Cataratas del Iguazú o el proyectado hotel a construir en el interior del Parque Nacional Talampaya.

Impacto ambiental y degradación de sitios de valor patrimonial.

Esta concepción integradora del patrimonio cultural tiene consecuencias sobre la forma de comprender su relación con el ambiente. Y es que el sitio es mucho más frágil que el monumento ante determinados impactos ambientales urbanos. En efecto, el monumento tiene dimensiones acotadas, que permiten un mayor grado de control, protección y restauración. En cambio, el sitio es, por definición, mucho más extenso, y por consiguiente, mucho más susceptible de alteraciones por catástrofes naturales, contaminación o degradación urbana.

El entorno rural de las estancias jesuíticas de Córdoba debe ser preservado con el mismo cuidado que los edificios.

El cuidado de las condiciones ambientales del sitio requiere, por tanto, de una política y una gestión mucho más minuciosa de la necesaria para la preservación de monumentos aislados.

En tal sentido, las conclusiones de una reunión especializada plantean criterios que integran ambiente con patrimonio y contemplan la situación social de las áreas a proteger: "Para lograr una efectiva conservación y rescate de las zonas monumentales, es indispensable considerar las siguientes medidas de acción:

  1. Rehabilitación de las viviendas en los centros históricos.
  2. Participación de la comunidad en los proyectos de conservación.
  3. Otorgar prioridad a las necesidades locales.
  4. Respetar el entorno ecológico de los centros históricos" [v].

Y una vez que nos hemos puesto de acuerdo en cuidar los grandes monumentos y también los barrios pequeños, aparece otro problema, que muestra el aspecto social de las políticas de preservación del patrimonio: ¿qué hacer con la gente, con los habitantes actuales de las áreas históricas?

El rol de la población estable en la preservación

Esto nos lleva a pensar en la situación ambiental del habitat de la población estable del sitio. Ha habido un gran deterioro de los centros históricos de América Latina: en Lima o Ciudad de México, por ejemplo, en esos centros se encuentra población viviendo en condiciones de hacinamiento, déficit de servicios, desocupación, insalubridad. Esto crea condicionamientos económicos a la preservación patrimonial.

Por este motivo, pensar en San Telmo no es solamente tener en cuenta la preservación de sus edificios históricos, sino también contemplar la relación que allí existe entre turismo internacional y marginalidad social. Es decir, que los aspectos sociales también forman parte necesaria de estas facetas de la política ambiental.

¿Transformamos el barrio en un museo? ¿Lo vaciamos de gente? ¿O reemplazamos la población actual por una más acaudalada, ya que la reconstrucción valorizará la propiedad? Si algo de esto último ocurrió con Colonia, ¿a quién beneficiaron realmente las obras?

Al mismo tiempo: ¿qué se va a hacer en ese lugar? Lo que equivale a preguntarse por las funciones que va a cumplir la zona o el monumento a preservar. Un ejemplo significativo es el de muchas iglesias italianas, que van perdiendo su función de lugar de culto para actuar como museos que exhiben sus tesoros artísticos. A un costado de la nave inmensa, cargada de esculturas de Bernini o cuadros de Tintoretto, hay una pequeña capilla en la que se reúnen los fieles para escuchar misa. La iglesia del Pilar, en Recoleta, y la iglesia de Pedro González Telmo, en San Telmo, parecen estar siguiendo un destino similar.

Lo mismo pasa con el Cementerio de la Recoleta, al que casi nadie va a llorar muertos. Su asilo de ancianos no fue preservado sino que fue demolido (similando un reciclaje) para establecer un centro cultural, que organiza la zona de un modo completamente distinto. Y también: ¿de qué va a trabajar esa gente, la que vive en los lugares a conservar? En las islas griegas ya no quedan pescadores, ya que es más rentable usar los barcos para llevar turistas que para pescar. Se conserva, entonces, el templo de Apolo y la muralla de la Edad Media, pero se pierde el modo de vida tradicional, el que los hombres de esas islas vienen llevando desde los tiempos de Ulises.

Ocurre algo parecido con el Mercado de Frutos del Tigre, convertido en un simulacro de lo que el Delta del Paraná ya no es. Ese mercado: ¿en qué medida refleja actividades actuales de la población local? ¿La venta de artesanías de Indonesia y cítricos provenientes de las zonas de riego de Tucumán tiene algo que ver con todo aquello que hace al patrimonio cultural intangible del lugar, con sus costumbres y sus tradiciones.

Durante la época colonial, el Delta fue el área de aprovisionamiento de leña y frutas de Buenos Aires. Se plantaron grandes extensiones de durazneros para este doble propósito, que quedaron en montes públicos de uso común, de acuerdo con lo estipulado por las viejas leyes de Castilla. En esa época, la preocupación principal del Cabildo fue evitar la sobretala de los durazneros, para que Buenos Aires no se quedara sin fruta durante el verano.

Sabemos poco del patrimonio arquitectónico del Delta en los períodos anteriores a la Organización Nacional. No había razones para valorarlo, por lo cual se lo dejó perder. Recién a partir de los mensajes de Marcos Sastre y los esfuerzos de Sarmiento, lo que era un área marginal se integró a la cultura y la economía nacional. Sin embargo, los esfuerzos recientes se reducen a la restauración de la casa de Sarmiento, sin ningún interés por preservar ningún aspecto del entorno al que pertenece. En ese caso, está claro que el interés de la preservación es mucho mayor por el objeto simbólico que por el patrimonio cultural que representa.

El patrimonio cultural del Delta no puede quedar metido en una cajita de cristal

En las últimas décadas se produjo el despoblamiento del Delta, a partir del reemplazo de frutales por forestación. De una densa población de fruticultores pasamos a unos pocos cuidadores de plantaciones y población de apoyo a los servicios turísticos. En consecuencia, decayeron las artesanías locales, lo que se manifestó en empobrecimiento de la cultura isleña.

La falta de un criterio integrador ha armado para el turista un espacio que recrea un Delta mítico, que no refleja el Delta actual ni el Delta pasado. Mientras tanto, los monumentos que sí lo reflejan (el Museo de la Reconquista, el Museo Naval, etc.) han quedado desplazados del circuito turístico masivo y reciben muy escasos visitantes.

Participación ciudadana

Es necesario establecer el rol de la participación ciudadana en la integración de las políticas ambientales y de preservación del patrimonio. La concepción actual de preservación del patrimonio natural y cultural asigna fundamental importancia al fortalecimiento de la idea de pertenencia de una población respecto a su medio ambiente.

Esto, que tiene relación directa con la función social y comunitaria del patrimonio, sólo es posible por medio de la implementación de mecanismos de participación ciudadana para definir criterios y objetivos de preservación. Quiénes podrán identificar mejor que los propios vecinos de un barrio, cuáles son aquellos sitios, edificios u objetos que es necesario preservar, cuáles representan más cabalmente la identidad y la memoria del lugar, por su imagen, sus usos y las tradiciones asociadas a ellos. Esto supone un rol activo de la población local en la regulación y control de la actividad turística para evitar que la misma dañe el recurso a preservar.

Lo que requiere, obviamente, la incorporación de la temática en los proyectos de educación en todas las formas y niveles. Hace un par de décadas, parecía imposible extender la educación ambiental a toda la población, lo que ahora está en los diferentes planes pedagógicos. Es el momento de hacer lo mismo con los temas patrimoniales. Al respecto, una de las recomendaciones internacionales aceptadas señala que: "El fomento de agrupaciones cívicas pro defensa del patrimonio, cualquiera fuese su denominación y composición, ha dado excelente resultados, especialmente en localidades que no disponen aún de regulación urbanística y donde la acción protectora a nivel nacional resulta débil o no siempre eficaz".

BIBLIOGRAFIA Y REFERENCIAS:

[i] "Carta internacional sobre la conservación y restauración de los monumentos y sitios", Venecia, 1964

[ii] UNESCO-IUCN: "Masterworks of man & nature: preserving our word heritage", Harper-Mac Rae Ltd. Australia, 1992

[iii] NACIONES UNIDAS: "Recomendación relativa a la salvaguardia de los conjuntos históricos y su función en la vida contemporánea", 19a reunión de la UNESCO, Nairobi, Kenya, 26 de octubre al 30 de noviembre de 1976

[iv] Carta del turismo cultural - ICOMOS noviembre de 1976

[v] "Symposium interamericano de conservación del patrimonio artístico", Instituto Nacional de Bellas Artes, Querétaro-Guanajuato, México, 1978

Fuente: Antonio Elio Brailovsky y Nélida Beatriz Harracá
Fuente: Eco Portal