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La Ciudad Real y la Ciudad Ideal

Autor: Jorge Castillo

Quienes hablan de la aparente dicotomía entre la ciudad real y la ciudad ideal, lo hacen porque entienden que el Código Urbano, por ejemplo, o las leyes y ordenanzas de preservación del patrimonio cultural y natural, plantean instancias "ideales" más bien expresión de deseos muy diferentes de la ciudad real, en el sentido de ciudaddetodoslosdías; la que sufrimos los ciudadanos de Resistencia, por ejemplo, en donde la anomia de funcionarios y vecinos hace muy difícil la convivencia, y en donde se deteriora impunemente el ambiente que nos rodea, planteando conflictos muy serios.

La opinión no está errada, pero seguramente no tiene en cuenta todas las variables en juego, que pasan por lo urbano y lo natural, obviamente, pero básicamente por la posición de los protagonistas, que es fundamentalmente cultural (forma de vida).

Cuando se habla de una ciudad "real" se suele menciona al espacio en que vive gente que quiere construir edificios en torre; que invade los espacios verdes y las lagunas y que desde hace años viene deteriorando el río Negro y su ecosistema ante la indiferente de autoridades y vecinos, cuando no su complicidad desembozada.

Esa ciudad es de verdad (lo que tenemos por mal que nos pese) pero no responde a una sola "realidad", sino al imaginario de cada uno de sus habitantes. Por lo tanto, no hay una sola ciudad real, sino tantas como vecinos viven en la misma.

Cada uno pone en ese espacio geográfico, su propia historia; sus necesidades y fantasías; sus amores y sus odios, y recibe en compensación o de rebote, a veces como impacto altamente negativo una respuesta de esa ciudad, que es más o menos hostil según cómo fue agredida.

En el caso de Resistencia, no caben dudas que ese rebote es frustrante y doloroso: calles sucias; árboles descuajados sin miramiento o podados hasta su destrucción; vehículos circulando sin orden, sobre veredas, calles, sendas peatonales; una de las tasas de accidentes más altas del país; ocupación del espacio público por bares y negocios; kioskos vendiendo alcohol y menores de edad consumiéndolo sin ningún control; locales de videojuegos en las proximidades de las escuelas, haciendo caso omiso a las disposiciones legales vigentes. Y miles de infracciones más.

A ese caos de la ciudad "real", en todo el mundo y en todas las épocas se le opuso la ciudad "ideal", es decir laquedebieraser. No está mal lo ideal, cuando nos marca un objetivo superior alcanzable. Es absolutamente necesario. Las Leyes son normas que plantean situaciones generales, y si están bien elaboradas y responden a las características de los ciudadanos, sirven para ordenar y reglar.

La legislación referida a la defensa del patrimonio cultural y natural igual que la que intenta ordenar la ciudad a través de códigos urbanos o el uso de los recursos hídricos con el código de aguas son imprescindibles, y cuanto más complejas las sociedades, lo son más.

Es aquí cuando lo "real" entra en colisión con lo "ideal", por ejemplo cuando a las actitudes individuales o corporativistas, se opone el sentido común y también el bien común, para preservar la convivencia y la solidaridad.

De la misma forma, el negocio inmobiliario (concreto y valioso para quienes tienen qué vender y con qué comprar), debe ser considerado dentro de un contexto más general y abarcativo, donde los espacios consagrados por la tradición y los usos a lo largo de la historia de la sociedad, sean tenidos en cuenta porque son los ámbitos sin los cuales ningún individuo podría desarrollarse plenamente.

Ese es el sentido de proteger viviendas antiguas, por ejemplo (independientemente del valor monetario del terreno) ya sea porque su constructor es reconocido por sus cualidades profesionales, o porque en la humilde casa vivió un importante científico; un benefactor o un artista de valía.

De la misma forma, ninguna sociedad actual puede negar la importancia de preservar los recursos naturales, tal como sucede desde la antigüedad. No solamente por la belleza intrínseca, o porque para los creyentes son la obra elocuente de Dios, sino porque más allá de lo "ideal", son una muestra concreta del entorno en que se desarrollan los individuos y están íntimamente relacionados con sus ritmos y con su historia.

En Resistencia, por ejemplo, solamente los necios algunos vecinos y varios funcionarios inmorales pueden seguir pretendiendo avanzar sobre los ríos o lagunas de la zona. Porque se ha informado ampliamente sobre el tema, todos sabemos que el costo es la inundación de la vivienda o de toda la ciudad, más allá de que se cobren multas o no.

De la misma forma, todos conocen los efectos negativos de la quema de residuos, pero algunos comedidos siguen sosteniendo que es "lo mejor".

Por lo expuesto, podría concluirse que la única forma de contrarrestar los efectos de esta ciudad "real" que nos duele a todos, es oponiéndole la ciudad "ideal", es decir, la que da cuenta de un proyecto común (comunitario) que contribuye a consolidar las relaciones sociales y la identidad cultural y favorece la continuidad ambiental (lo que somosCultura y en dónde somos ambiente natural que nos da sustento y nacionalidad). La Ley apunta a esa integración (J.C., 2000)

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