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Llega el invierno, tiemblan los árboles

por Rulo Bregagnolo (*)

El invierno – para algunos el otoño - es la estación en la que como desaforados corren sin piedad munidos de machete, serrucho, hacha o cualquier otro elemento cortante, a librar una batalla al supuesto rival (en otra estación amigo) que espera ver mudo y erguido, como cada una de las ramas que componen su cuerpo le son despojadas. Llega el invierno: hay que podar parece ser la consigna.

El hecho de hablar de poda no implica que el árbol deba quedar representado por el fuste, por el tronco desgajado. Implica hablar de armonización, raleos interiores, ventilación, iluminación, estudio del recorrido de las ramas, orientación, entorno del ejemplar, en fin: un trabajo del cual depende la prolongación de la vida útil del árbol. Es decir, el que efectúe una poda tendrá en sus manos la decisión y responsabilidad de una vida.

La poda es parte de nuestra cultura, es una costumbre heredada. Muchos la realizan a especies arbóreas de alto porte como si fueran árboles frutales. Son diferentes los tipos de poda a aplicar en uno u otro caso, debido a que en el caso de los frutales, el objetivo es facilitar la cosecha. La Naturaleza (nadie le ha tomado un examen, pero reconozcamos que es sabia) permite que a cada especie le corresponda una forma determinada en el medio en que se encuentre.

Así por ejemplo, un timbó en el monte tendrá un fuste largo y copa mediana; no así estando solo, en espacios verdes, en los que tendrá fuste ancho y corto, y copa grande. Con esto, no podemos pretender que un lapacho negro tenga forma de pino elliotis, ni que este tenga la copa de un chivato después de una poda.

Generalmente la idea de podar va acompañada de mucha voluntad y poco conocimiento. No creo que a alguien se le ocurra hacer semejante daño, si es consciente que el árbol que le da sombra y fresco en el verano, flores, fragancias y presencia de pájaros en primavera, va perdiendo la vida. Carecen de sentido las conocidas podas "rasas" u "horizontales". Una señora comentó: "¿Qué pasa con mi lapacho que ya tiene 15 años y todavía no florece?". La respuesta se la dió el árbol con los muñones de la poda anterior.

"La mejor poda es aquella que no se realiza". El supuesto problema entre hombre y árbol se presenta cuando pasaron algunos años y el ejemplar está llegando a su plenitud; cuando por ser chiquito fue plantado cerca del cordón cuneta, de alguna cañería, debajo del tendido eléctrico, cuando se desconoce sus frutos "pegajosos" o la "mugre" de sus hojas. Por eso es necesario conocer las características del mismo antes de plantarlo.

Una de las mayores pujas sobre el arbolado la llevan a cabo en casi todos los pueblos la gente que atiende las líneas de electricidad. Para hacer una limpieza rápida, generalmente utilizan el machete, enemigo número uno de todo árbol debido a los resultados que provoca astillando y roturando cada rama, permitiendo éste el fácil acceso de enfermedades, y por supuesto, la pérdida de la estética del ejemplar. La solución estaría dada si este trabajo se dedicasen las Municipalidades con personal debidamente capacitado.

Habitualmente se toma como época de poda los meses de invierno, debido a que la planta está en reposo. Se consideran "clave" los meses que no tienen la letra "r": mayo, junio, julio y agosto, aconsejándose los dos últimos.

Además, respetando experiencias antiguas, hay que tener en cuenta el ciclo de la luna, o sea, efectuar la poda en la luna adecuada (todas menos luna nueva). Hoy en varios lugares se ve el resultado de algunas podas mal efectuadas en tiempo y forma, debido a que no se tuvo en cuenta la acción de las heladas (este año aparecieron fuertes y con mucha anticipación). Pobres aquellos árboles que fueron "tratados" antes de eso...

Las podas deben ser efectuadas solamente en los casos en que el ejemplar tenga ramas retorcidas por alguna consecuencia: enfermedad, golpes, perturbación al paso de peatones o al de vehículos, no porque llegó el invierno.

Debemos tener en cuenta que cada árbol, cada hoja es una fábrica de oxígeno; que significa el refugio de animales; que el precio de nuestro terreno se incrementa cuanto mejor sea el arbolado. "Todo árbol es el resultado de un armonioso equilibrio que debe ser valorado, respetado y amado" fue el telón de fondo que ocupó el Grupo Ecologista Cuña Pirú de Aristóbulo del Valle, para dar marco a varios cursos de poda que fueron dictados para capacitar a personal municipal.

La intención es poder mejorar el arbolado con el debido conocimiento, para una correcta aplicación a la hora de definir el destino de ese "armonioso equilibrio".

En varias ciudades existen ordenanzas sobre el arbolado urbano.

Aristóbulo del Valle es una de ellas, con la Ordenanza Nº 07/94 se da respuesta a la regulación del trato al arbolado público.

Por todo esto, es importante que cuando vayamos a plantar un árbol, tengamos en cuenta si existe en nuestra ciudad alguna ordenanza o reglamentación acerca del arbolado, además de la función que pretendemos que tenga el mismo, alto, tamaño de copa, época de florescencia, tipos de hojas, raíces, ancho del fuste, ubicación respecto del tendido eléctrico o telefónico, distancia de cañerías, etc.

Entonces cuando llegue el próximo invierno, sólo nos preocuparemos para que el nuevo amigo no la pase mal.

(*) Rulo Bregagnolo, del Grupo Ecologista Cuña Pirú.

Fuente: Ecohábito