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El clima es el desastre que más damnificados causó desde 1998

MADRID
E. MONTAÑÉS

En los últimos cinco años, 131 desastres naturales más que en el quinquenio anterior. Este trágico balance, que se traduce en un aumento del 65,5%, es sólo una de las fatídicas conclusiones que se desprenden del Informe Mundial sobre Desastres 2003, elaborado por Cruz Roja Internacional y que fue presentado ayer en Madrid.

Su presidente, el español Juan Manuel Suárez del Toro, quiso denunciar también las dificultades de trabajo que tienen las organizaciones humanitarias en determinados países, así como la falta de imparcialidad a la hora de repartir la ayuda recaudada entre desastres de una u otra índole.

Las cifras no dejan cabida al optimismo. En 2002 se produjeron más catástrofes que en cualquier otro año de la última década.

Además, sus consecuencias fueron más graves que nunca: 608 millones de damnificados por inundaciones, sequías, terremotos o conflictos bélicos.

El número de víctimas mortales, no obstante, se redujo de 62.000 fallecidos -como promedio anual del último decenio- a 24.500 durante los doce meses de 2002.

Una disminución notable conseguida gracias a la rápida intervención de ONG y otras entidades. Sin embargo, el coordinador general de Cruz Roja Española, Antoni Bruel, denunció que las tareas de protección humanitaria se ven entorpecidas, muchas veces, por presiones gubernamentales, o la escasez de donaciones por el desconocimiento del desastre.

Desastres... ¿previsibles?

Si entre 1993-1997 la cifra de tragedias naturales fue de 200, aumentó a 331 en el quinquenio 1998-2002. Un dato estremecedor que suscita el interrogante acerca de si es posible evitar, de alguna manera, las dramáticas secuelas de unos acontecimientos que se antojan imprevisibles.

El director adjunto del departamento de Cooperación Internacional de Cruz Roja Española, Alberto de Castro, lo tiene claro. «Nuestro organismo desarrolla proyectos para prevenir este tipo de consecuencias. Trabajamos con las zonas más propensas a estos desastres y formamos a la población para que sepan actuar en el momento oportuno».

De Castro subrayó igualmente la necesidad imperiosa que tienen las organizaciones humanitarias de que se les permita «trabajar antes de que acontezcan este tipo de sucesos», puesto que, a su juicio, esto supondría eliminar el gran volumen de montos económicos que se precisan para abordar las tremendas consecuencias de los desastres naturales.

Cruz Roja quiso hacer extensible este llamamiento de alerta a todos los desastres que, con menor peso en la opinión pública, recaban menos fondos o lo hacen sólo durante un corto periodo de tiempo.

En opinión de su presidente, «la solidaridad no debe pertenecer a un momento puntual» ni tiene que dirigirse de manera sesgada sólo a unos países concretos.

«Desde Cruz Roja abogamos por reconducir las ayudas en función de las necesidades de la población asolada por un desastre y no discriminar por razones geoestratégicas o de impacto mediático», sentenció Bruel.