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El agujero de la capa de ozono se irá cerrando hasta desaparecer por completo dentro de 30 o 40 años, según afirmó recientemente en el periódico alemán Die Welt, el científico Paul Crutzen, premio Nobel en 1995.
Junto con el mexicano Mario Molina y el estadounidense Frank Sherwood, Crutzen ganó ese año el Nobel de Química, justamente por sus teorías acerca de como los clorofluorocarbonos (CFCs) utilizados en frigoríficos y equipos de refrigeración degradan la capa de ozono.
El experto alemán fundamenta sus predicciones en los buenos resultados que está dando el acuerdo internacional para abandonar la producción y el uso de los gases CFCs, una decisión tomada en 1987 a través de la firma del protocolo de Montreal.
Ese compromiso ha llevado a que, si a finales de los ochenta se producía más de un millón de toneladas de CFCs en el mundo, esa cantidad se haya reducido en la actualidad en un 80 por ciento.
Los acuerdos internacionales y las alternativas tecnológicas, según Crutzen, han traído como consecuencia que la concentración de CFCs en los niveles bajos de la atmósfera haya retrocedido de manera apreciable, por lo que cabe esperar una paulatina mejora en los niveles altos, de 10 a 45 kilómetros, donde se ubica el 90% del ozono que protege la Tierra de las radiaciones.
Resulta paradójico que las predicciones optimistas del premio Nobel coincidan con el momento en que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártida ha alcanzado su máximo histórico. Esto, según el científico alemán, se debe simplemente a que estamos sufriendo ahora los efectos de los gases CFCs liberados decenios atrás.
Hay que recordar que estos gases tardan más diez años en llegar y afectar a la capa de ozono. Además, durante la primavera antártica, en septiembre y octubre, se produce la mayor erosión de la capa de ozono. Según Crutzen es la época en que el agujero se agrandará en virtud de las temperaturas en la estratósfera.
Fuente: ECOS