¿qué sabe ud. de Ecología?
Para quienes viven en Argentina
y para los que viven en otros países
Gracias por intervenir !
Permanentemente se informa sobre operativos de gendarmería o de la policía para neutralizar el tráfico de fauna silvestre. Y como sucede con el contrabando "hormiga" o mafioso (diferentes en prácticas y volúmenes que se manejan, pero ilegales ambos), hasta ahora es poco lo que se ha logrado.
Más que el rasgado de vestiduras de quienes pudiendo hacer algo se conforman con la queja -cuando no la indiferencia o la complicidad más corrupta- lo que hace falta es una acción directa y efectiva de quienes tienen el poder político y debieran suministrar los elementos necesarios para contener esa práctica criminal.
Muchos "moderados" (por lo menos mientras no le toquen sus propios intereses) hablan de "fundamentalismo" cuando se pretende comparar el tráfico de animales con el de niños. Si el amigo o el patrón están de funcionarios, se transforman cuando les toca defenderlos.
Por supuesto, ellos pueden opinar -aún sin mayores fundamentos- sobre cualquier tema. Y así les va a veces. Más allá de esos personajes -siempre los hubo y los seguirá habiendo- disponer de la vida (sea de animales o de personas) es la práctica perversa más despreciable, y debiera humilla al hombre de bien.
No es el caso de quienes matan para sobrevivir, sino de aquellos que lucran desaforadamente con la muerte de otros. En esa categoría están los traficantes de fauna silvestre, los de armas, los de drogas y por supuesto, los de niños. No son niveles diferentes, sino un solo nivel: el de la perversión y la delincuencia.
El que es capaz de matar una hembra carayá para quitarle su cría, podría llegar a corromper a su propio hijo si necesitara quedar bien con su cliente; o iniciarlo en la droga o en la prostitución.
No hay límites para la inmoralidad, y menos cuando están en juegos millones de dólares. Los que trafican armas viven de las guerras, igual que los que venden drogas necesitan de una sociedad corrompida y un Estado débil, que no pueda hacer cumplir la Ley. Cuanto más se muestra esta debilidad, más se fortalece a los grupos delictivos y se obtienen mayores ganancias.
El tráfico de fauna se inscribe dentro del mismo encuadre, es decir que si muchos hablan del tema, pero nadie pone fin al negocio, se consigue lo que buscan en definitiva los corruptos, que es crear "conciencia" de la existencia del hecho (sea delictivo o no) y por ende, instalar la inquietud (y el convencimiento) de la inoperancia del Estado.
A partir de esto, los que prefieran ganar dinero en detrimento de la salud o bienestar de los demás, no tendrán mayores escrúpulos en aceptar como un "mal necesario" (que luego será lo "mejor", por los dólares que le reportará) entrar en estas prácticas, que siempre seguirán siendo perversas, aunque las autoricen o las ignoren.
Debemos aceptar que el tráfico de animales existe porque hay personas -muchas "bien intencionadas", incluso- que son adictos a coleccionarlos.
Si bien el uso y abuso de drogas se produce porque hay quienes las fabrican, otros que las recetan, otros que las venden y otros -de nuevo los polìticos- que no crean medidas efectivas para terminar con todo eso, la adicción se instala en quienes presentan características de personalidad especiales -no en cualquiera- quienes son seducidos por los traficantes y sus socios -algunos polìticos y funcionarios inescrupulosos, justamente- que gastan millones en campañas contraproducentes, para terminar aceptando la "fatalidad" de la enfermedad y regalando jeringas para "que no se contagien de sida" (pero sigan con la droga, que es mucho más lucrativo que gastar en atender sidosos).
En el caso del tráfico de animales se hace lo mismo. Si se calcula que de un hecho descubierto y denunciado públicamente podrían existir otros cien o más que pasan desapercibidos para quienes ejercen el poder de policía, y a esto se agregan los informes oficiosos -porque los oficiales no existen, directamente, tal es el poco interés que hay al respecto- de la merma escandalosa de las distintas especies en nuestra región, el mensaje es claro: "Vengan traficantes al Chaco, que acá está el negocio".
Otro tanto sucede con la ocupación del espacio público: si un comerciante deshonesto troncha graciosamente los árboles de la vereda, es denunciado, pero la autoridad no sanciona, es un "buen" ejemplo para que otros deshonestos hagan lo mismo. Si se ocupa el valle de inundación del río Negro o sus lagunas, se denuncia el hecho ilegal, pero nadie hace nada desde el gobierno, el mensaje es claro, también: "Invadan, señores inmorales, que el Estado paga".
Creo que quienes denuncian tráfico de fauna debieran denunciar también a quienes la toleran o no hacen nada efectivo para erradicarla. Caso contrario, quedan como los "buenos" y los "mocitos" de una pelìcula de terror, y como tales, pueden terminar mal.
FUNDACION AMBIENTE TOTAL
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