¿qué sabe ud. de Ecología?

Para quienes viven en Argentina

"ENCUESTA"

y para los que viven en otros países

"ENCUESTA I"

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La conservación de la fauna silvestre en la Argentina

La extinción de las especies

del libro "Soldados de Noé"
de Marcelo D. Beccaceci

"(...) Extinción. No sólo muerte vasta. No cambiar. No dejar descendientes (...) Extinción. La supresión absoluta, completa, minuciosa y ciega de una forma entera de vida significa el corte limpio y definitivo de una rama evolutiva.

Es la admisión terminante e inapelable de un fracaso. Pavor (...) de que millones de seres, miles de años, ecosistemas completos, intrincadas redes de cazador y de presa son sencillamente tragadas por la nada, arrojados fuera de toda posible existencia, de toda forma de memoria, como una manera de indicar un hundimiento. Y sobre esos silencios, en esas zonas oscuras, no se edifica nada (...)

Es la ausencia de toda una cualidad del universo. La desaparición definitiva de un rasgo de las cosas vivas, que de sobrevivir podría haber cambiado todo, o algo, o nada (...) Es quitar de una melodía toda una secuencia. De una narración todo un párrafo. Un crimen perfecto."

Héctor R. Ferrari
Muerte de la posibilidad (1985)

La desaparición de especies de fauna y flora silvestres, es quizá uno de los problemas ambientales más dramáticos del momento. Con el actual ritmo de extinción de 150 especies diarias y 5000 anuales, el ser humano ha logrado multiplicar por 1000 la que sufrieran los dinosaurios 65 millones de años atrás.

Los datos científicos actuales coinciden en pronosticar la pérdida del 25 % de la diversidad biológica del planeta para el año 2000. La recuperación de esta enorme pérdida de formas de vida le insumiría a la Tierra cerca de 100 millones de años. Mientras tanto, la ciencia sólo ha podido clasificar 1.700.000 especies de las 35 millones que se creen aguardan ser conocidas.

A nivel global, la causa más importante de la desaparición de especies es la deforestación de las selvas tropicales, donde se halla el más alto grado de biodiversidad del mundo.

A pesar de que la mitad de la economía mundial y el 90 % de la que corresponde a los países en desarrollo dependen directa o indirectamente de la diversidad de recursos biológicos, un área de selva tropical más grande que Grecia se pierde cada año. Esa pérdida anual del 2 % de la superficie de selvas tropicales comporta la extinción de 0.25 a 0.5 % de las especies del planeta. A este ritmo, los científicos aseguran que en 200 años podrían desaparecer todas las selvas.

La destrucción y modificación de éstos y otros ambientes naturales, constituyen hay en día las principales amenazas que afectan a la flora y fauna silvestres.

A ellas se le suman otras como la falta de control en la caza deportiva o comercial, el comercio ilegal de especies, el incumplimiento de leyes de conservación y la escasez de conocimientos entre la opinión pública acerca de la importancia del medio ambiente en general.

Nuestro país no escapa a esta situación. En este siglo se han producido grandes cambios en la fisonomía del territorio nacional, debido a la permanente extensión de la llamada "frontera agropecuaria".

Por ejemplo, como resultado de una continua deforestación, las 105.000.000 de hectáreas de bosques, selvas y montes nativos presentes a comienzos de siglo en la Argentina se han reducido hoy a 40.000.000, es decir 1/3 de la superficie original. En el mismo lapso se duplicó la superficie cultivable, lo que provocó, entre otras cosas, el desplazamiento y la ampliación de las actividades de cría de ganado hacia nuevas regiones.

Severos procesos de erosión hídrica y eólica como consecuencia del mal manejo de la tierra, han venido afectando a miles de hectáreas cada año, en un país donde los 2/3 de su superficie se consideran zonas áridas y semiáridas.

Mientras tanto, el uso de plaguicidas v fertilizantes se ha multiplicado sin pausa, en especial durante la última década. La excesiva contaminación de los principales cursos de agua que atraviesan nuestro territorio, amenaza seriamente la vida animal y vegetal que estos albergan.

Por otra parte, la construcción de obras de fuerte impacto ambiental (como represas hidroeléctricas) en algunos de ellos, provocan con frecuencia serias modificaciones en el equilibrio ecológico del lugar. Actividades como la pesca ?tanto marítima como continental? se vienen desarrollando con rapidez, y causan preocupantes reducciones en la cantidad y el tamaño de las piezas. La introducción de flora y fauna exótica por parte del hombre ha originado también serios trastornos en el ambiente y en algunas especies nativas.

A estas modificaciones ambientales pueden agregarse actividades como la caza deportiva o comercial, que a causa de la falta de control desembocan con frecuencia en una explotación irracional de la fauna silvestre. Aún hoy en la mayoría de las provincias argentinas, por no decir en todas, se carece por completo de estudios actualizados sobre el estado de conservación de poblaciones animales afectadas por la caza.

Por otra parte, el comercio ilegal de animales vivos afecta hoy a cientos de aves y primates cada año.

En cuanto a medidas legislativas, es mucho lo que se ha avanzado en el tema durante los últimos años. Sin embargo, la falta de control en el cumplimiento de las mismas debido a las famosas razones presupuestarias, terminan por transformar a aquéllas en inoperantes. Tal el caso de algunas especies de la fauna declaradas pomposamente Monumento Natural (máxima protección jurídica otorgada a una especie o lugar) las que, sin embargo, continúan siendo tan acosadas como antes de verse "beneficiadas" por esa norma.

Finalmente, pero no menos importante, es de destacar el papel que tiene la educación en el correcto manejo de los recursos naturales como la flora y la fauna silvestres.

En la Argentina, la falta de conocimientos sobre nuestro acervo natural es alarmante. El habitante promedio de las grandes ciudades, a pesar de estar algo informado sobre la importancia de la ecología, no está familiarizado con las plantas y animales autóctonos del país. Para él, esas son cosas lejanas, perdidas en la inmensidad de un territorio, el que a su vez se le presenta como agreste y hostil.

Por otro lado, en las zonas rurales del interior los pobladores conocen ciertas especies, por lo general las que se encuentran cerca de centros poblados, pero esta facilidad de contacto con ellas les produce con frecuencia la impresión de que son inagotables. Esta falta de conocimiento o de valoración de la flora y fauna silvestres provocan a veces el fracaso de campañas destinadas a salvar a alguna especie de la extinción. Por eso vale la pena, recordar que es necesario conocer para querer y querer para defender.

Por otra parte, tenemos que admitir que en nuestro país, a diferencia de muchos otros, aún no está lo bastante desarrollado el concepto de "patrimonio" o "herencia natural" de una nación. Aunque, si estamos tan orgullosos de poseer las cataratas del Iguazú o el glaciar Perito Moreno, cabría preguntarse ¿por qué no hemos de estarlo con nuestras ballenas francas, nuestros venados de las pampas o nuestros pinos Paraná?

Mientras tanto y a pesar de la falta de coincidencias entre distintos autores, puede afirmarse que, al menos entre los animales vertebrados, ya hemos perdido para siempre al Zorro Malvinero (Dusicyon australis), al Guacamayo Azul (Anodorhynchus glaucus), al Playero Esquimal (Numenius borealis) -estas tres se consideran extinguidas a nivel mundial-, al Guacamayo Amarillo (Ara glaucogularis) y si se considera especie argentina, al Perezoso gris (Bradypus infuscatus brasiliensis).

Por desgracia, es muy probable que al iniciarse el siglo XXI, algunas otras como el Perro del Matorral (Speothos venaticus), la Nutria Gigante (Pteronura brasiliensis), el Carayá Rojo (Alouatta fusca), el Hocó Oscuro (Tigrisorna fasciatum fasciatum), el Pato Serrucho (Mergus octocetaceus), el Aguila Monera (Morphnus guianensis), la Harpía (Harpía harpyja), el Guacamayo Verde (Ara militaris boliviana), el Guacamayo Rojo (Ara chloroptera), el Maracaná Lomo Rojo (Ara maracana), y el Charao (Amazona pretrei), se sumen a la lista anterior.

Lo cierto es que hoy en día, alrededor de un 20 % de las 2.400 especies de vertebrados argentinos, se encuentran amenazadas de extinción. La falta de estudios suficientes sobre los invertebrados no impide sospechar que muchos de ellos se hallen en la misma situación.

Ante este panorama, urge duplicar la superficie de áreas protegidas, que en la actualidad apenas supera el 4,5 % del territorio nacional, ya que la conservación de ecosistemas enteros permite lograr no sólo la efectiva protección de las especies amenazadas más conocidas, sino también la de muchas otras que hasta el momento no hayan sido tomadas en cuenta. También sería de desear que se elaboraran listas provinciales y regionales de flora y fauna silvestres en peligro de extinción, orientadas a la conservación de especies endémicas y subespecies.

Existen múltiples razones para conservar las especies. Pero sean estas ecológicas, económicas, culturales, éticas o estéticas, lo importante es reconocer que el hombre no está afuera de la naturaleza; por el contrario está inmerso en ella formando parte de una maravillosa red de vida.

Así ha sido y así será, por los siglos de los siglos.