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Dos proyectos de ley presentados en la Cámara de Diputados actualizaron el debate sobre la matanza de animales callejeros. La discusión subió de tono esta semana a partir de la presión ejercida sobre los legisladores por parte de una entidad protectora que impulsa una muerte "sin dolor"
A nadie se le ocurriría sugerir que, para evitar el sufrimiento de tanto mendigo o chico de la calle, lo mejor que puede hacerse es matarlos. Sin embargo, por este camino transitan, a veces por ignorancia y otras por intereses económicos, decenas de personas e instituciones que se dedican a "mitigar" el sufrimiento de los animales.
Esas personas e instituciones curiosamente se autodenominan "proteccionistas", "amigos" o "defensores" de los animales. El escándalo que provocó en agosto del año pasado el descubrimiento de un centro de matanza de perros a cargo de una conocida "proteccionista" sirvió para abrir los ojos de una sociedad que una vez más parece demostrar que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
La mayor parte de la ciudadanía argentina recién ahora toma conciencia de aquello que desde hace muchos años viene ocurriendo. Para no ingresar en las escabrosas hipótesis acerca de los móviles que condujeron a la señora Clara Leloir de Menditeguy a realizar la sistemática matanza (tráfico de drogas, comercio de pieles, etcétera) es suficiente con apenas lo que la hoy procesada declaró en una solicitada: "Sólo mataba a los animales enfermos, viejos o a aquellos a los que seria imposible encontrarles un hogar..."
A estos actos, los autodenominados proteccionistas los llaman eutanasia, es decir, muerte buena o dulce. Pero de nada vale buscar piadosos disfraces semánticos. La muerte siempre es amarga. El tema, polémico, será centro del debate en los próximos días cuando la Cámara de Diputados trate dos proyectos de ley referidos a la protección de los animales.
Las dos iniciativas penales (una presentada por el diputado Miguel Ortiz Pellegrini por iniciativa de MAPA y otra por el diputado Héctor Dalmau por iniciativa de ADDA) tienen en común que el bien jurídico protegido a través de la normativa penal debe ser la vida de los animales. Sin embargo, ambos proyectos difieren esencialmente en lo filosófico.
En el primero se penaliza toda conducta que atente contra la integridad o la vida de los animales, llegando a considerar un agravante el que sea una entidad protectora o sus miembros el sujeto activo de la acción delictuosa. En otras palabras, que sean los "protectores" los propios verdugos de sus defendidos.
En cambio, en el proyecto del diputado Dalmau se llega al objetivo opuesto, cuando se propone la despenalización por causar la muerte de un animal: "Cuando constituyere el último recurso para evitarles sufrimientos ulteriores, siempre y cuando no hubieran utilizado para ello métodos que les provoquen padecimientos. Se entenderá que provocará sufrimientos el uso de sustancias paralizantes". (Articulo 5, inciso d.5 bis.)
Sugestivamente, este párrafo recuerda la frase "se aceptará la eutanasia en animales sanos para evitar sufrimientos ulteriores". Estas palabras corresponden a los estatutos de una entidad protectora de animales. Y se trata de la misma que propicia este proyecto de ley: ADDA.
Sancionar una ley penal así no hará más que despenalizar las acciones de los particulares (entidades "protectoras" incluidas) que amparándose en el concepto de "evitarle al animal un sufrimiento ulterior", los exterminarán utilizando los más diversos métodos.
Es importante aclarar que el concepto de "animal sano al que hay que exterminar para evitarle un su sufrimiento ulterior" es utilizado por individuos autodenominados proteccionistas y algunas entidades cuando se refieren a animales sin dueño, abandonados o perdidos.
Así se actuó en el tan sonado caso Menditeguy, y así se actúa y manifiesta en las entidades amigas de los animales y también ADDA, propiciante de esta ley. También este proyecto pone a resguardo legal a aquellos que no desean el uso de sustancias paralizantes (tipo Paranoval) para exterminar animales... pero sí cualquiera de los otros métodos.
Es necesario ahora destacar que esta argumentación, que pivotea sobre un supuesto destino tormentoso para justificar así el recurso del exterminio, no tiene ningún sustento: no hay justificación ética, económica, práctica o de salud pública que la avale.
En realidad, lo que se está planteando es un sofisma y sobre esta base se propone una despenalización (la de aquel que mate a un animal sano) que tiene poco que ver con la esencia del problema de la superpoblación de animales domésticos y su consecuente saga de animales abandonados.
En los fundamentos de su proyecto, en cambio, el diputado Ortiz Pellegrini considera grotesco y hasta ilógico tener que ocuparse de sancionar a entidades protectoras que matan animales. "Pero, lamentablemente, este tipo de sociedades existe y se dedican a sacrificar humanitariamente.
Yo convoco a que se presencie la ejecución de uno de esos animales para que se sepa, se sienta, se vea lo que ocurre. No me pueden hablar de móviles humanitarios". De lleno en el proyecto, Pellegrini propone en su primer artículo prisión de un mes a dos años, más el pago de una multa, a quien "infligiere malos tratos a animales".
Condenas mayores a quienes los sometan a actos de crueldad o los abandonen en la vía pública, y expresa, taxativamente, la prohibición de funcionamiento a aquellas entidades protectoras que se dediquen o tengan como fin u objetivo la muerte de animales. Prevé además prisión para sus responsables y para los funcionarios que autorizaran tales entidades.
Para la presidenta de ADDA, Martha Gutiérrez, el proyecto de Pellegrini presenta "gruesos errores e incluye injurias para ADDA". En un fallo reciente, también por injurias, la jueza Poerio de Arsianián afirmó que "no obstante que la señora Gutiérrez ha negado ser partidaria de la eutanasia, ha quedado fehacientemente demostrado en autos que ADDA recurrió a la muerte de animales durante el periodo en el que estuvo a cargo del Instituto Pasteur e incluso la práctica forma parte de sus estatutos".
En épocas no muy remotas de la azarosa historia latinoamericana, pulularon, bajo distintos nombres, grupos fundamentalistas que con la finalidad de combatir la delincuencia no trepidaron en secuestrar, torturar y matar.
Los grupos brasileños se conocieron como escuadrones de la muerte. ¿Cómo debería entonces llamarse a quienes dicen mitigar el sufrimiento de los animales aconsejando o provocándoles la muerte? El debate está abierto y la respuesta la tiene el Congreso Nacional.
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