¿qué sabe ud. de Ecología?

Para quienes viven en Argentina

"ENCUESTA"

y para los que viven en otros países

"ENCUESTA I"

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La conservación de la fauna silvestre en la Argentina

La protección de la Naturaleza

del libro "Soldados de Noé"
de Marcelo D. Beccaceci

Prólogo del autor

Quienes crecimos teniendo como héroes a los biólogos y veterinarios de la televisión que en algún remoto país del Africa estudiaban especies tan fascinantes como leones o chimpancés, anhelamos algún día poder hacer lo propio con la fauna de nuestro país.

Sin embargo, con el transcurrir de los años, no tardaríamos en darnos cuenta de que el solo hecho de querer saber cuáles eran las especies de nuestra fauna autóctona, iba a convertirse en un problema de difícil solución. La falta de obras referidas al tema se convirtió así en un primer obstáculo.

Más tarde y al acercarnos al conocimiento que en ese entonces había sobre nuestros animales silvestres, nos enteramos de que muchos de ellos vivían una existencia al filo de la desaparición total, víctimas del olvido y la ignorancia. Para colmo era difícil, cuando no imposible, conocer a algún profesional que se dedicara al estudio de estas especies poco rentables.

Fue así como muchos de nosotros decidimos involucrarnos en la conservación de animales silvestres a través de nuestras profesiones, incluso a sabiendas de que tal decisión representaba olvidarse de los privilegios y beneficios económicos de las llamadas "actividades normales".

Aún hoy, luego de comentar las características del trabajo a alguna persona, surge el: Bueno, pero... ¿y de qué vivís? No obstante, en la actualidad es creciente el interés por la ecología en nuestro país y en el mundo, por lo que no dudo de que las nuevas generaciones tendrán un poco más allanado el camino para dedicarse al conservacionismo.

El investigador de campo que se dedica al estudio de especies en peligro de extinción, tiene un estilo de vida muy particular.

En primer lugar, debe estar dispuesto a alejarse de su familia y del confort que le brindan las ciudades, con frecuencia durante semanas o meses. Su situación económica, de por sí difícil, se verá afectada cada vez que aquel subsidio prometido tarde en llegar, ya que no dudará un instante en utilizar fondos propios para ir avanzando en la investigación.

Es que la urgencia que caracteriza a los estudios de especies amenazadas, se ve muchas veces incrementada ante la inminente construcción de una represa o ante el trazado de un nuevo camino.

En una auténtica carrera contra el tiempo, este trabajador, transformado en exclusivo cronista de las necesidades de la especie, sabe íntimamente que debe obtener datos esenciales en el menor tiempo posible. Aunque esto, claro, no es nada sencillo, en especial en el caso de la fauna silvestre.

Una vez llegado a los dominios de la especie que va a estudiar, comienza la etapa de adaptación al medio. El científico, que debe poseer un gran poder de observación, tendrá que armarse de infinita paciencia antes de poder siquiera acercarse al objeto de sus desvelos. Ya que, como ser humano, tiene por delante el desafío de demostrarle al animal que él no es uno más de los que han llegado hasta ahí por su carne, su cuero o su territorio. El temor ancestral de los animales hacia el hombre, bien fundado por cierto, le impone al investigador un tiempo de prueba para ganarse su confianza.

Durante este tiempo logrará que las visiones, olores y sonidos de la ciudad vayan alejándose con lentitud hasta desaparecer por completo. Pronto reaparecerán algunas habilidades que parecían dormidas. Los sentidos, subutilizados en la vida urbana, empiezan a agudizarse y poco a poco el investigador se irá fundiendo en la naturaleza hasta integrarse a ella como un ser vivo más.

La primer satisfacción llega al ser aceptado por el animal. Luego comenzarán a surgir, tras horas de observaciones, los secretos más celosamente guardados por la especie: sus hábitos, costumbres, necesidades y requerimientos. Cada nuevo hallazgo compensa el mal tiempo, los mosquitos, la falta de agua potable, la rotura irremediable de la camioneta...

Luego se inicia la etapa de la documentación minuciosa sobre los peligros y asechanzas que amenazan a la especie, como la caza furtiva o la modificación de su ambiente. Se hace necesario recorrer los alrededores, hablar con los pobladores de la zona e informarse sobre las futuras actividades humanas en el lugar.

Pero la misión de la mayoría de los investigadores no termina en el campo, es más, podría decirse que ahí es donde recién empieza. La responsabilidad que significa contar con información vital sobre la especie, hace que el científico adquiera el compromiso de defender los intereses de esta ante sus congéneres humanos.

Y viene aquí una nueva etapa, caracterizada por largas reuniones con políticos, funcionarios y administradores, tendientes a obtener el compromiso de una mayor atención sobre la especie, y sugerir medidas legislativas y ejecutivas en el corto v mediano plazo. Con frecuencia, el éxito o el fracaso de estas acciones decidirá la supervivencia o desaparición, lo que habla a las claras del enorme peso que el profesional tiene sobre sus espaldas.

Lo cierto es que una vez finalizada esta instancia, se les hace difícil a muchos investigadores desligarse del destino de los animales. Porque la verdadera satisfacción no se produce al lograr que se adopten las medidas sugeridas, sino al comprobar que efectivamente se cumplan.

El ser humano ha sido el primero y el único en abandonar el jardín del Edén, en pos de un mundo tecnológico que hoy lo angustia y que sólo le promete un futuro incierto. El acelerado proceso de destrucción que el hombre causa al planeta, se lleva consigo cada año paisajes enteros y desaparecen con ellos miles de especies que los habitan.

Por fortuna, ya hay algunos indicios que muestran el retorno a un estilo de vida más natural por parte de un número cada vez mayor de personas. Sin embargo, cuando la humanidad entera decida volver su vista a la naturaleza en busca de un poco de paz y sosiego, se encontrará con la falta de muchas de las formas de vida que supieron acompañarla desde la creación, a través de los siglos.

En ese preciso instante se dará cuenta de que todavía existen algunos sobrevivientes, muchos de ellos, gracias a la decidida acción de los soldados de Noé.