¿qué sabe ud. de Ecología?

Para quienes viven en Argentina

"ENCUESTA"

y para los que viven en otros países

"ENCUESTA I"

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Lo que un burrito nos enseña

burrito

Siempre se dice (y debo haberlo repetido infinidad de veces) que las aves son un excelente indicador ambiental.

También lo son otros elementos de la naturaleza, pero las aves asumen ese papel en un grado muy especial por el hecho de ser generalmente notorias: tienen un tamaño visible, vuelan y/o nadan ( claro que hay excepciones), pueden tener voces que las delaten, a veces migran o se movilizan en bandadas, y su forma de trasladarse les da acceso a sitios difíciles cuando no imposibles para vertebrados de otras clases.

Son capaces de "perchar"(así dicen los ornitólogos) tanto en una rama como sobre el agudo remate de un edificio, en una antena de comunicaciones o en un alambrado; o bien posarse aventuradamente sobre la cabeza de un yacaré o en leves hojas flotantes de la vegetación acuática y hasta instalar su ni-do en el más espinoso de los cardones o dentro de lámparas del alumbrado público.

Valga este párrafo para hacer notar la relativa facilidad de su observación por sobre la de otros animales. Claro que eso vale para quienes las quieran ver, ya que para demasiados mortales, encerrados en sus cáscaras de indiferencia, las aves casi no existen ( lamentablemente tampoco el prójimo y un montón de cosas más).

Volviendo a lo del principio, esa cualidad de las aves de obrar como luz de advertencia en el tablero de señales ecológicas se ve muchas veces rebalsada porque invade la totalidad del ambiente, extendiéndose desde lo natural hacia lo cultural. Pruebas al canto.

Días pasados, después de unas jornadas de lluvias con vientos arrachados que precedieron a un descenso de la temperatura, apareció en el patio de una casa vecina a la mía, en pleno centro de Resistencia, una avecita que, a quienes la llegaron a ver, les pareció tan pintoresca como absolutamente desconocida. Advertí de inmediato que se trataba de un "burrito", un rállido, para decirlo fácil un "pariente" del pacaá y de las gallaretas, más cercano a las gallinetas, con las que tiene hasta cierto parecido.

Su aparición resultaba demasiado llamativa ¿Cómo había llegado hasta aquí, a un espacio rodeado de muros? Porque todos los "burritos", justamente, resultan ignorados por llevar su vida muy en secreto, ocultos entre pastizales inundados o tupidos juncales, caminando y corriendo dentro de su cerrado hábitat, cerca del agua pero sin nadar, volando raramente y muy poquito.

Agreguemos que son pequeños, el de este caso medía 12 cm. Para colmo tampoco son domesticados ni traficados, lo que les hubiese dado una chance mayor de acercarse alguna vez a la ciudad.

Pero la incógnita mayor no residía en su presencia insólita, - o insólita al menos para nuestra inmensa ignorancia de los vericuetos de la naturaleza - sino en otra singularidad. Revisando todas las guías de aves argentinas de que dispongo, se hacía evidente que este "burrito" era un Laterallus, pero de allí en más no podía completar su nombre propio (científico, claro) : ¡era diferente de las ocho especies que figuraban para la Argentina y más aún de las cuatro registradas en la provincia del Chaco!

Además se asemejaba, aunque no mucho, a cierto burrito... cuyano. Planteado el enigma, comenzó a tejerse una red de consultas ( para eso está el correo electrónico) con amigos que son excelentes observadores de aves, como Oscar Braslavsky, y con otros,ornitólogos destacados.

Resultó finalmente ¡sorpresa! que se trataba de un Laterallus exilis, una especie cuya área de dispersión, según los libros, no comprendía a nuestro país y, según los textos más viejos, ni siquiera a los limítrofes . La naturaleza, que no lee libros, guardaba al burrito escondido aquí desde hacía miles o millones de años.

Ocurre además que exactamente tres ornitólogos consultados, Germán Pugnali, Hernán Casañas y Alejandro Bodrati¹, habían participado junto a Marck Pearman del notable hallazgo, en mayo del año pasado, del Laterallus exilis en la Isla del Cerrito, y concretaron así el primer registro para el país.

La publicación de esta detección se realizó recientemente en una revista internacional especializada, Cotinga, por lo que, al ser noticia tan nueva, no aparecerá en las guías hasta que la incluyan las nuevas ediciones. En tanto, nuestro burrito en cuestión, de aquí en adelante Laterallus exilis, salvado de las garras de un gato doméstico, aunque aparentaba estar ileso, murió por la tarde del mismo día en que se lo encontró.

Luego de haberlo medido y fotografiado lo entregué al Museo de Ciencias Naturales Augusto Schulz para su conservación. Casi seguro éste es el primer museo del país que cuenta con un ejemplar. Los ornitólogos están ansiosos por observarlo, ya que si bien habían logrado visualizarlo en la Isla del Cerrito, las características de estos animales producen observaciones brevísimas que se sustentan principalmente en el registro de sus voces.

Hasta aquí todo parece nada más que un descubrimiento que, si bien entusiasma a un puñadito de investigadores y de aficionados, para los demás apenas queda en anécdota. Pero va más allá.

Téngase en cuenta que si nuestro burrito pudo llegar hasta a dos cuadras de la Municipalidad y de la Cámara de Diputados, no lo impulsaron sus escasas cualidades para el vuelo ni el deseo de encabezar una marcha de protesta. Se trata sí de una manifestación, pero de esas más sorprendentes y sutiles que promueve la naturaleza para recordarnos, especialmente a los distraídos, que ella sigue presente.

Esta avecita vino a parar al centro de la ciudad de un modo más fácil: ella vive acá, ¡es una vecina del barrio! El anhelado objeto de investigación que los científicos andan rastreando por áreas silvestres, reside quizá desde siempre en los maltrechos retazos de lagunas que hoy agonizan a escasos metros de nuestras casas.

Todo lo acontecido dibuja claramente que esas lagunas son en verdad lagunas, hasta océanos, pero de ignorancia. Que sabemos entre poco y nada de nuestro entorno más inmediato.

Que no se realizan prospecciones -salvo esporádicas- ya no sólo de campos, ríos y montes, sino de lo que albergan los espacios verdes urbanos. Que no disponemos de estudios, de investigaciones, voluntad, ni presupuesto ni curiosidad para encararlos.

Y que cuando - aún con las mejores intenciones - se pretende rescatar lo que subsiste de las lagunas, al aplicar criterios exclusivamente ingenieriles y urbanísticos* pero "abióticos", se pueden cometer (y de hecho así sucede) auténticos atropellos a sus ocultos tesoros, que desaparecerán sin que nos hayamos enterado jamás de su existencia.

¿Estamos de acuerdo en que las aves son óptimos indicadores de cuanto sucede en el ambiente?

Clara Riveros Sosa

Notas al pie.

¹ -Todos ellos pertenecen a Aves Argentinas (Asociación Ornitológica del Plata), la más antigua institución conservacionista y educativa del país. De prestigio mundial, tiene también la representación de BirdLife International.

* -Éste fue el espíritu prevaleciente en las Jornadas de Ordenamiento Hídrico del Gran Resistencia, realizadas en el mes de junio y donde lo señalamos en una intervención.

Fuente: FUNDACION AMBIENTE TOTAL