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Energía solar en Mendoza, Argentina

¿Hasta dónde llegan los alcances de la energía obtenida por alimentación solar?

Tal vez sea la pregunta inicial que puede hacerse el lector a esta altura. Es que al enterarse uno de la existencia de los llamados "pueblos solares", lo primero que se imagina es que allí se puede todo. Y no es tan así, al menos por ahora.

Los proyectos llevados adelante en Mendoza, esencialmente en San José, a unos 106 km. de la capital en la municipalidad de Lavalle, indican, según el Lic. Raúl Mikkan, integrante del plantel técnico de EMSE que "se puede utilizar un televisor, una heladera, la iluminación y el planchado, pero con algunas limitaciones.

Es decir, traería problemas que todos los habitantes del pueblo se pusieran a planchar al mismo tiempo y en forma continua, por ejemplo". Pero claro, para personas que durante décadas y décadas solamente supieron de las velas, las lámparas a kerosén y algún motor a gas oil, ésto es lo de menos.

España ya cuenta con más de 10.000 viviendas que se alimentan a energía solar. El descubrimiento de la limpieza con que trabaja este sistema ha entusiasmado a las corrientes defensoras de la ecología.

En la Argentina por el momento se trata de gente de vida muy austera. Pero el crecimiento de esta vía de energía puede despertar entusiasmo en un futuro a partir del conocimiento que tomen de ella quienes quieran apostar no sólo a resolver la frustración de centenares de miles de argentinos que no saben demasiado de eso de "tener luz", sino también a aquellos que cuidan una naturaleza golpeada por los defensores de las tradicionales maneras de obtener energía (tala de árboles, extracción de petróleo y toma de agua de cauces naturales, más allá de la riesgosa y contaminante energía nuclear).

El modelo de instalación solar es muy simple: se trata de un panel o plancha con 36 celdas de silicio cada una. Atravesada por dos electrodos que - como los bornes de una pila - se conectan a una batería de 12 voltios. Cada una de esas celdas toma la radiación solar y la transforma en energía eléctrica. Obviamente sólo funciona si hay sol, y es absolutamente silencioso. Leyó bien, absolutamente silencioso, lo que para muchos es un aspecto importante de la calidad de vida del ser humano, sobre todo en estas tierras capitalinas especialmente ruidosas.

Claro que en aquellas zonas de Mendoza hay garantía de 150 días anuales a pleno sol, que equivale a un día de sol por cada uno nublado. Como la energía se almacena, permite que durante la noche o los días sin sol, la corriente continúe.

Hablar de una energía gratuita, inagotable, superabundante, de libre disponibilidad, no contaminante, de tecnología simple y de bajo costo de instalación parece un sueño. Pero claro, sus usos por ahora están limitados a: generación de electricidad, retransmisión de comunicaciones, calentamiento de agua para edificios, calentamiento de fluidos para uso industrial, secado de productos agrícolas, potabilización de agua y protección catódica de gasoductos. El futuro puede aportar más.

Es probable que el aporte de algunas empresas privadas, como el caso de Siemens, ayude a desarrollar, a partir del entrenamiento de sus trabajadores, nuevos conceptos de utilización de la energía solar.

Pero también EMSE piensa en la energía eólica. Mikkan explica que en Ranquil "se construirán avanzados molinos eólicos para concretar el aprovechamiento de nuestros vientos en zonas como éstas, de alta montaña".

La construcción de estos aerogeneradoras, fundamentalmente evita los elevados costos de las actuales instalaciones en lugares alejados. Lo que en un principio apareció como un dilema central en la vida de muchas comunidades mendocinas: o resolvemos cómo pagar los millones de dólares que cuesta el tendido de cables que transportan la energía eléctrica desde centrales alejadas de la provincia o buscamos alternativas distintas, se ha tocado con un aspecto por demás interesante en este siglo que se va; el consumo incontrolado de las fuentes tradicionales de energía estaba amenazando la propia supervivencia del planeta.

Petróleo, madera y carbón parecen extinguirse de la mano del hombre. Un hombre que ahora redescubre el sol y el viento. Para salvar lo demás.

Susana Quiroga
Green Planet