¿qué sabe ud. de Ecología?
Para quienes viven en Argentina
y para los que viven en otros países
Gracias por intervenir !
Las técnicas para crear seres vivos con células procedentes de dos o más genomas distintos tienen un alto riesgo y agudizan los dilemas éticos y culturales. Pero el negocio es gigantesco.
En el lenguaje ordinario llamamos quimera a cualquier ser imaginario hecho de partes disparatadas, como los orcos, los ewoks y los dementores. Son los monstruos que habitan muchos relatos de ficción mitológica, científica o fantástica como El señor de los anillos, La guerra de las galaxias o Harry Potter.
En biología, sin embargo, el vocablo es un término técnico que designa seres vivos con células procedentes de dos a más genomas distintos. En muy pocos años la palabra quimera ha migrado desde el ámbito de la leyenda al de la vida, y desde el mundo de los efectos especiales al del laboratorio y la industria.
El proceso apenas ha comenzado y pronto tendremos que hablar de quimeras en las conversaciones cotidianas, como ya sucedió con otras palabras intrincadas del tipo ozono, dioxinas, células madre, priones o gusanos informáticos.
Hay que estar preparados y quienes tengan dudas que dediquen un minuto a considerar el nuevo pez fluorescente que la Taikong Corp. de Taiwán ofrece como mascota a los niños de todo el mundo por unos 15 euros. Producirlo con ingeniería genética (introduciendo ADN de medusa en el genoma del pez cebra) ha costado 3 millones de dólares y se cuenta con fabricar 100.000 unidades al año.
Otra empresa americana ha creado un supercerdo que duplica su peso al doble de velocidad, consumiendo la mitad de pienso.
Genzyne Transgenics tiene tres cabras cuya leche mana con una proteína anticoagulante, la antitrombina III.
En Lyon se acaba de implantar ADN de un alga fluorescente en el gusano de seda, logrando que el hilo sea de mayor calidad y que el bicho esté más sano.
Un ejemplo más: hace unos días, unos científicos de Chicago anunciaron la implantación con éxito de material genético masculino en 21 embriones humanos femeninos. A los seis días el andrógino ha sido destruido, pues sólo querían inventar una quimera capaz de reparar desórdenes genéticos. Después anunciaron que tratarían de patentar la técnica como terapia génica.
Quimeras son también todas esas plantas, como el maíz terminator de Monsanto, diseñado estéril para obligar a los campesinos a comprar cada año las semillas para la siembra.
Estamos pues hablando de muchos temas a la vez, y todos complejos. Hay montado un negocio gigantesco alrededor de una tecnología extremadamente sofisticada que, además, es de alto riesgo y de capital intensivo.
Tres características que, en la práctica, excluyen de la competición a la mayor parte de los países del mundo. Un problema muy serio que agudiza los dilemas éticos y culturales (políticos, al fin) planteados por la pujante capacidad para modificar especies y patentar organismos vivos.
Los más agoreros, conversos de Gaia y deudores de Casandra, nos amenazan con males apocalípticos. Los escépticos sospechan que las promesas de la ingeniería genética sólo son un exceso propagandístico orquestado por (algunos) científicos y empresarios, para obtener recursos públicos y aminorar las resistencias populares.
Algunos filósofos hablan del imparable y definitivo ingreso de la vida en la tecnoesfera. Tal deriva se apoyaría en el gesto reduccionista que quiere que todo cuanto exista sólo sea información.
El genoma entonces sería el programa que los seres vivos, simples máquinas preprogramadas, se encargarían de ejecutar. Sabemos, sin embargo, que no todo está en el gen y son muchas las evidencias que discuten esta pretendida hegemonía de la genética sobre la biología molecular y la ecología.
Es pronto para tener criterio y saber, por ejemplo, si hay que oponerse o no a esta victoria por goleada de lo artificial. Lo único cierto es que sabemos poco y que necesitamos tiempo.
Algunos científicos lo saben y callan. Otros, por desgracia, jamás discutirán una orden de sus jefes o denunciarán la estrategia empresarial. Los ciudadanos, entre tanto, son sometidos al bamboleo de una opinión pública que todos intentan instrumentalizar a su favor.
Nuestra sociedad necesita a los científicos y tiene urgencia de que además de buenos profesionales, sean también intelectuales. Necesitamos la excelencia, pero también la conciencia.
*Investigador del CSIC.
GENERO DE PUNTOS
* Para protestar contra algunas políticas abusivas de derechos de autor, Alex de la Iglesia quiso desmarcarse con un hermoso grito de protesta: "Somos creadores públicos, y no artistas sedientos de festivales y canapés". Nuestra sociedad, sin duda, necesita científicos con la rebeldía de este cineasta.
* El descubrimiento reciente de ocho lunas ha elevado a 48 el número de satélites naturales del planeta Júpiter. A.I.