¿qué sabe ud. de Ecología?

Para quienes viven en Argentina

"ENCUESTA"

y para los que viven en otros países

"ENCUESTA I"

Gracias por intervenir !

 


La historia del macá tobiano


maca tobiano

por Mauricio Rumboll Hacia enero de 1902, las mesetas santacruceñas - por entonces, escasamente exploradas por el hombre blanco - recibieron al expedicionario Hesketh Pritchard. "Encontramos otro lago profundo y rocoso, con varios zambullidores que no pudimos identificar".

Esta era, probablemente, la primer mención al macá tobiano, un ave del tamaño de un pato pequeño que no obstante la vaga mención del explorador, permaneció ajena a los ojos de la ciencia durante la mayor parte del siglo veinte.

En 1974 yo estudiaba las migraciones de los cauquenes junto a un mi ayudante de campo Edward Shaw (hoy profesor de biología). Recuerdo que me insistía para que le enseñara a preparar pieles de estudio para las colecciones de aves. Buscábamos en las playas, las rutas, en todos lados, pero las aves muertas no querían aparecer, o estaban demasiado “reventadas”.

Tal fue su insistencia que, ya en el sur de Santa Cruz, resolví permitirle utilizar la escopeta, para hacerse de alguno de los visibles macáes que nadaban con el pecho al viento en unas lagunas cercanas a la ruta 40. Se trataba de “Los Escarchados”.

El clima era riguroso, yo me alejé, interesado en pajaritos raros que, con el frío de marzo, bajaban de la cordillera. El viento era tan fuerte que pronto tuve que guarecerme en el auto mientras Eduardo seguía buscando su presa.

Escuché un tiro, y bastante más tarde divisé la silueta de Eduardo, con dos bultos en sus manos. Cuando se aproximó, comprobé que el bulto mayor ¡era su ropa!, estaba desnudo, mojado, azul de frío, y en su otra mano traía un macá. Había tenido que entrar a la laguna para recuperar el ave muerta que se llevaba el viento.

Ya nos estaba pareciendo raro ese macá, por lo que lo tratamos con especial cuidado, y luego tomé algunas fotografías. El ejemplar fue preparado en el cuarto del hotel en Calafate y viajó bien cuidado hasta al Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde se lo mostré a Pablo Canevari.

“¿Qué es esto?”, desconfió Pablo.
“Un macá con plumaje raro” le contesté.

Buscamos en la colección otros similares, pero nada. Los macáes plateados eran ligeramente parecidos a éste, pero mucho más chicos y livianos. Por esos días, Jorge Rodríguez Mata consultaba la colección de aves del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York.

Le hicimos una carta, con un dibujito, para que vea si encontraba allá algo parecido, ¡pero, nada...! Nos contestó: "parece que es una nueva especie para la ciencia". ¡En plenos setenta descubrir un ave de esas características era todo un acontecimiento!

Así es que tuvimos que describirla. Le dimos el nombre de Podiceps gallardoi, en honor a los Gallardo (Ángel y su nieto José María, entonces Director del museo).

El apellido significaba mucho para todos los naturalistas de mi generación. YPF estuvo explorando la zona para encontrar depósitos de petróleo y acamparon en las costas de la laguna muchas personas involucradas en este trabajo – peligro para el macá que hasta entonces no se conocía de otros lugares.

Se comprobó en un viaje durante mayo que la totalidad del espejo de agua queda congelado por meses y que los macaes deberían migrar a algún lado – 60 km a los fiordos chilenos o 200 hasta el Atlántico. Quizás encontraban unas lagunas menos frías al norte. Se buscó sin éxito.

Andrés Johnson de la FVSA, visitó muchas lagunas de la estepa – algunas tenían macaes. Pudo establecer las condiciones que limitaban la presencia de esta especie. Visitaron la zona con fines científicos dos de los expertos en esta familia, Dr Robert W. (Bob) Storer y Garry Neuchterlein, su alumno.

Y también Jon Fjeldsa quien había solicitado veinte pieles de estudio cuando primero se enteró del hallazgo! En campañas subsiguientes no pudieron contarse más que unas pocas decenas de la nueva especie. Preocupada por su conservación la Fundación Vida Silvestre Argentina adoptó a la especie como emblema, y mandó al guardaparque Andrés Johnson, otro ex alumno y compañero de escuela de Eduardo.

Andrés vivió casi a la intemperie, resguardado en un iglú de plástico, y velando por la seguridad de la especie. Muchas cosas pasaron desde entonces (¡hasta la revista National Geographic se ocupó del misterioso macá!), y no ha disminuido nuestro interés ni la fascinación, por el tobiano.

Guillermo Harris, un tercer ex alumno y compañero de los dos anteriores, fue el primero en pintar la especie en actitud de su danza de cortejo, cuadro que apareció en el National Geographic por ahí, por el ‘75 ó ‘76. En campañas subsiguientes – años más tarde – Andrés Johnson y Alejandro Serret descubren el lugar de invernada en las rías de la costa Atlántica, Coyle, Santa Cruz y Gallegos.

Con razón tenía las glándulas supra-orbitales tan grandes – las necesita para eliminar la sal que ingiere con su alimento en invierno. La Provincia de Santa Cruz declaró a “Los Escarchados” una reserva provincial en defensa de ésta, su especie endémica. Escuelas de Río Gallegos la usaron como tema para ferias de ciencias.

El Macá Tobiano llegó a ser muy conocido en todo el país – y ni hablemos de los “mira-pájaros” que vienen en excursiones desde el exterior. Hacia el 2002, “Los Escarchados” estaba secándose, por falta de una nevada “machasa” y súbito deshielo que es la forma que se llena.

Sus aguas poco profundas dejan que el oleaje producido por el viento revuelva el fondo y es imposible que los macaes vean para alimentarse allí. Tampoco crece el vinagrillo que es fundamental para la construcción del nido. Su población está instalada en la mesta Strobel, al oeste de Gdor. Gregores y lindando (al sur) con el Lago Cardiel.

Espero que esta historia, que empezó por accidente, no termine con la extinción de nuestro raro y exclusivo macá. Se ve con gran preocupación que en muchas de las lagunas donde se reproduce en verano (arriba del Strobel), se siembran truchas exóticas con fines comerciales, que podrían tener efectos muy negativos sobre el macá al competir por el alimento o – por qué no - predar sobre los pichones.

* Mauricio Rumboll, Naturalista. Se desempeña en la Administración de Parques Nacionales y es miembro del Consejo de Administración de la Fundación Vida Silvestre Argentina.