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Contaminándonos en pequeñas dosis (PER)

A partir de una investigación realizada para Mundo Orgánico en España y la Comunidad Económica Europea, preparamos el siguiente informe acerca de la problemática del PER (c) como contaminante de nuestra salud y el medio ambiente.

Conocido vulgarmente como PER, el percloroetileno entra en nuestros hogares sin pedirnos permiso. Derivado de los hidrocarburos clorados, pariente cercano del cloroformo, se utiliza principalmente como disolvente (solvente) de las grasas.

Grave amenaza tanto para nuestra salud como para el medio ambiente, son dos las maneras que tiene para introducirse en nuestro cuerpo: mediante la ropa o los alimentos grasos.

El PER, y las sustancias de la misma familia, se utilizan fundamentalmente en la limpieza de prendas debido a la gran capacidad para disolver las grasas que lo convierte en un poderoso quitamanchas; por ello se usa habitualmente en las tintorerías y los lavaderos de ropa, y lo llevamos a nuestros hogares con las prendas que retiramos de allí.

En los alimentos, lo compramos principalmente con los aceites, el de oliva sobre todo, porque su acción permite la extracción extrema y forzada de los granos o semillas.

PER, medio ambiente y salud

Como consecuencia de la multiplicidad de usos que tienen estas sustancias el percloroetileno y los hidrocarburos clorados de la misma familia están contaminando paulatinamente la atmósfera, y, principalmente, están contaminando nuestros cuerpos por medio de la alimentación, en la cual los organoclorados están expresamente prohibidos. Sus efectos y consecuencias constituyen una agresión más a nuestra salud, semejante - sólo para ejemplificar - a la que causan: el cadmio, el mercurio, el dióxido de azufre, los nitritos, el plomo, o las dioxinas.

Las consecuencias de una intoxicación aguda con percloroetileno son: problemas de circulación y fuertes dolores de cabeza, trastornos bien conocidos por los empleados de tintorerías. Pero, a largo plazo, las consecuencias de la acumulación del PER y sus similares son más graves aún: atacan el sistema nervioso central, el hígado y los riñones, y por supuesto también se acumulan en los tejidos grasos del ser humano. Además, importantes estudios realizados en los Estados Unidos y Europa han determinado la existencia de una relación causal entre cáncer de pulmón, de matriz en el caso de las mujeres, y la exposición de los trabajadores de las tintorerías al PER.

En cuanto a los alimentos, un reciente estudio realizado en Alemania ha demostrado que este tóxico se encuentra en varios alimentos que consumimos; y además, la investigación demostró que el cuerpo no lo elimina por sí mismo, sino mínimamente y a largo plazo, acumulándose en los órganos vitales.

En cuanto al medio ambiente, quién no recuerda el olor fuerte y penetrante, característico de las tintorerías, que tanto desagrada; ese es precisamente el PER. Se calcula que por cada 100 kilogramos de ropa lavada son enviados a la atmósfera 2 litros de percloroetileno que, tarde o temprano, de una manera u otra, irán a los alimentos, y nuevamente al cuerpo humano.

Aceites de oliva y PER

Para obtener aceites comestibles los granos, semillas o pepitas, como en el caso de las aceitunas, son sometidos, a su llegada a los molinos, a una primera presión en frío; y allí se les extrae el 70% del denominado aceite virgen de primera presión, categoría a la que pertenecen los aceites orgánicos certificados.

En una segunda operación, los residuos de la primera son regados con agua caliente y - sometidos a una presión mayor - dan un aceite virgen de segunda calidad y una torta de rezago que aún contiene cerca del 10% de aceite. Y es aquí donde entra el PER para poder extraer, con su gran poder de disolvente, el resto de aceite remanente; y así pasa luego a formar parte de nuestra alimentación, cosa que difícilmente permitiríamos si se nos consultase.

Finalmente, lo que llega a los comercios es la mezcla de ellos y muy rara vez algún aceite puro.

Es claro que con este tóxico incorporado, el aceite de oliva pierde prácticamente todas sus virtudes, como lo son: la riqueza en vitaminas A y E; el gran contenido en calorías (920 kilocalorías cada 100 gramos de aceite); el ser sus grasas insaturadas, a diferencia de las animales que son saturadas y por lo tanto más difíciles de absorber; y también el contenido de ácidos como: linoleico, oleico, linolénico, palmitoleico, intervinientes en procesos metabólicos de nuestro organismo.

En este contexto, hay que indicar que la denominación "aceite puro de oliva" que ostentan la mayoría de los aceites de oliva del mercado, es en cierta manera un engaño, porque este aceite no existe como tal en la elaboración, sino que es una mezcla de aceites vírgenes y refinados; por lo que el uso del término "puro" tiene mucho de engaño publicitario.

Pero, el PER no es el primer solvente utilizado en la extracción de grasas. Inicialmente se utilizaba el sulfuro de carbono, luego se emplearon el éter de petróleo, el hexano, el alcohol etílico, y finalmente, en la actualidad, el tricloroetileno y el percloroetileno. Aunque teóricamente, por ser volátiles, desaparecerían en el proceso de refinado, siempre quedan restos; por fallas en la elaboración, siempre quedan trazas de los solventes en los aceites que consumimos.

Nuestra investigación se originó a partir de un informe de las autoridades de Alemania, dispuestas a verificar la calidad de los aceites de oliva que se comercializaban en su territorio luego de la apertura de las barreras de la Comunidad Económica Europea.

Partiendo del informe de toxicidad acerca del PER que hemos descrito anteriormente, las autoridades alemanas determinaron retirar del mercado todos los aceites que superaran 1 ppm (una parte por millón) de PER o tricloroetileno.

Encontraron que un 80% de las muestras procedentes de España, Italia, Francia o Portugal, sobrepasaba holgadamente esa marca; incluso algunas rondaban las 10 ppm.

Los que no superaron la prueba fueron, entre otros, de España: Carbonell, Flamenco, Minha Terra, Sepo Tortosa; de Italia: Colavita, Minerva, Oleavia Calogiuri, Olmesa; de Francia: Corcelett, James Plaginol, Lesieur, Marchand.

En resumen: tanto el percloroetileno como sus similares son productos tóxicos, totalmente sospechosos de generar cáncer al acumularse en algunos de nuestros órganos vitales.