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Negocian conocimientos de los Yanomami sin su consentimiento

El Ministerio del Ambiente, en representación de la República de Venezuela, se hace partícipe de un inusitado despojo del conocimiento ancestral de las comunidades Yanomami.

Julio César Centeno, PhD
PO Box 750
Merida - VENEZUELA

El Ministerio del Ambiente de Venezuela firmó un contrato con la Universidad Federal de Zurich, Suiza, en el que otorga derechos de acceso a los recursos genéticos y a recursos "intangibles" del territorio Yanomami. Los 'intangibles' incluyen los conocimientos y prácticas ancestrales de las comunidades indígenas.

La Organización de Pueblos Indígenas del Amazonas (ORPIA) ha denunciado que este compromiso fue contraído sin la debida notificación a las poblaciones Yanomami, y sin su consentimiento. El contrato es un inusitado saqueo de los conocimientos ancestrales de los Yanomami y de la biodiversidad genética de su territorio.

El contrato cuenta con un permiso firmado por Horacio Biord, mientras fungía temporalmente como Director Encargado de la Dirección de Asuntos Indígenas (DAI) del Ministerio de Educación. Aparentemente, el convenio también cuenta con el aval del Herbario de la Universidad Central de Venezuela.

REGALIAS, PATENTES Y BENEFICIOS POR COMERCIALIZACION

El contrato explícitamente le otorga al colegio Eidgenössische Technische Hochschule (ETH) de Zürich, Suiza, una concesión para el accesso a los recursos genéticos y sus productos derivados "...con fines de investigación, prospección biológica, conservación, aplicación industrial y aprovechamiento industrial, entre otros".

El contrato también incluye el acceso y aprovechamiento, en los mismos términos, de los componentes intangibles. Estos se definen de la siguiente manera:

"Todo conocimiento, innovación o práctica, individual o colectiva, con valor real o potencial, asociado al recurso genético o sus productos derivados, o al recurso biológico que lo contiene, protegido o no por regímenes de propiedad intelectual".

La entrega es total. En ninguno de los documentos anexos al contrato se menciona la posibilidad de registrar patentes de comercio e industrialización.

Pero el contrato final sí incluye esta posibilidad. Los posibles beneficios se reparten entre la Universidad Federal de Zurich y el Ministerio del Ambiente de Venezuela.

El Ministerio se ha conformado con el 20% "...de los derechos de regalías por patentes, comercialización e industrtialización de los productos o sustancias que se deriven de las investigaciones y descubrimientos del uso de los recursos genéticos otorgados en concesión al ETH". El 80% restante es para los Suizos.

yanomanis

Los indígenas fueron excluidos de las negociaciones de sus propios conocimientos y prácticas ancestrales. Fueron también excluidos en la repartición de los beneficios que pudieran derivarse.

El contrato deja unilateralmente a juicio del ETH la decisión final sobre el otorgamiento a los indígenas de un porcentaje de los beneficios derivados del contrato de concesión, a través de posibles negociaciones directas con los indígenas, sin la participación del estado venezolano.

De esta manera, el Ministerio del Ambiente, en representación de todos los venezolanos, se hace partícipe de un grotesco e inusitado despojo del conocimiento ancestral de las comunidades Yanomami. La negociación establece además una profunda desigualdad en la distribución de los beneficios comerciales o industriales que pudieran derivarse del aprovechamiento de la biodiversidad existente en el territorio Yanomami.

Los Yanomami se encuentran localizados en el corazón del Amazonas, en donde los índices de biodiversidad se encuentran entre los más altos registrados en el mundo.

Su cultura se ha desarrollado en estrecha vinculación con su entorno natural, acumulando conocimientos y refinando sus relaciones con las selvas que les sirven de hogar durante cerca de 20.000 años. Venezuela es uno de los ocho países más ricos en diversidad genética del mundo. Esta diversidad se encuentra estrechamente vinculada a los bosques naturales del país. Una de las zonas más ricas en biodiversidad es precísamente el Alto Orinoco.

La Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) ha establecido que los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas no pueden ni deben ser patentados.

COICA es una organización que agrupa a los pueblos indígenas de los ocho países que comparten el territorio Amazonas.

Los Yanomami venezolanos no sólo no fueron ni informados ni consultados sobre el contenido y alcance de la investigación. Sus legítimos derechos sobre sus propios conocimientos ancestrales, y sobre los recursos genéticos en sus territorios, fueron ignorados.

Para añadir injuria, el insólito contrato incluye un pago de 30% de su costo "para las comunidades indígenas involucradas cuyo conocimiento está siendo utilizado".

El costo del contrato se establece en 30.000 francos suizos, unos 18.000 dólares. Ese pago es además negociable, por lo que podría al final convertirse en el motor de una lancha, o cualquier otra cosa.

A la Directora de Vegetación del Ministerio del Ambiente, Delfina Rodríguez, quien agilizara la autorización del contrato por parte de ese ministerio, extrañó el rechazo de las organizaciones indígenas. Según ella "el contrato recoge una cantidad de beneficios, incluso económicos, para los Yanomami".

MARCO DE REFERENCIA

Unos 15.000 Yanomami viven en la Reserva de la Biósfera Alto Orinoco de Venezuela, con una superficie de 8.3 millones de hectáreas, aproximadamente del tamaño de Portugal. Los Yanomami venezolanos representan más de la mitad de toda esta etnia. Otros 10.000, aproximadamente, viven en un territorio contiguo, al otro lado de la frontera, en Brazil.

Las investigaciones se realizan entre los Yanomami venezolanos a través del colegio Eidgenössische Technische Hochschule (ETH) de Zürich, Suiza. El trabajo sirve de tesis para optar al título de Doctor de la Universidad de Zurich por parte Jürg Gertsch.

El Congreso Nacional aprobó una nueva Ley de Biodiversidad el año pasado. Pero, coincidentemente, el presidente Caldera la devolvió a la Procuraduría "para su estudio". En el período intermedio se agiliza la entrega de los permisos necesarios para realizara esta investigación, cuando el país carece de legislación adecuada sobre la materia. Los planteamientos fundamentales del proyecto de Ley de Biodiversidad fueron ignorados.

El contrato lo firma Rafael Martinez Monro, Ministro del Ambiente, en representación de la República de Venezuela, sólo días antes de la toma de posesión del presidente Hugo Chavez, quien arriba al poder con el claro mandato de la inmensa mayoría de los venezolanos para que erradique la corrupción e impulse una transformación a fondo del estado y sus mecanismos de gobierno.

El Ministerio del Ambiente se caracterizó por ser uno de los brazos más corruptos de la administración del presidente Rafael Caldera. En representación del ETH aparece la firma de su vicepresidente, Albert Waldvogel.

QUE ES LO QUE SE BUSCA?

El objetivo central del trabajo es, curiosamente, comprobar "...si los indígenas Yanomami utilizan plantas medicinales". Lo que es obvio para cualquier investigador con un mínimo de experiencia con el pueblo Yanomami, se presenta como una complicada teoría científica que es necesario demostrar, de suficiente profundidad como para que su demostración merezca un doctorado de una de las universidades más prestigiosas de Europa, la Universidad de Zurich.

Stephen S. Tillett, Curador del Herbario de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela, y defensor del proyecto, señala "Nunca he estado de acuerdo con la hipótesis de que los yanomami carecen de plantas medicinales" Añade: "Yo estoy de la opinión de que hay varios otros grupos énticos en vísperas de extinción que serían mucho más apropiados estudiar...pero yo no soy el tutor". (sic)

El uso de plantas medicinales por parte de los Yanomami no es ningún secreto, ni es una teoría que necesite demostración científica. Es un hecho cultural asociado a sus crencias, estrechamente vinculadas a que que para nosotros es "magia". Los Yanomami viven en un mundo muy diferente al nuestro, estréchamente vinculado a otro mundo sobrenatural. El efecto curativo de una "medicina" occidental y el bebedizo de una planta "mágica" es, en ese mundo, algo que bordea en lo absurdo.

La distinción entre "medicina" y "magia" es más un problemas de los "diablos blancos", los que se empeñan en rígidas definiciones "científicas". Tambien dicen que lo que no esté escrito en ese idioma "científico" de ellos es porque no existe. Por eso dicen que el mundo sobrenatural de los Yanomami tampoco existe.

Pero aún imponiendo nuestra visión y nuestros valores, en donde la separación entre medicinas, magia y curación de enefermedades pretende ser mas "clara", el uso de plantas medicinales por los Yanomami es un hecho reportado en la literatura especializada (Fuentes 1980; Brewer Carías 1991; Estrella 1996, entre otros). Evidente para quien los haya conocido, especialmente cuando el juicio toma en consideración su propia visión del universo.

Pero la investigación también contempla otros aspectos 'secundarios'. Para confirmar el uso de planta medicinales por los Yanomami, el estudio incluye la comprobación fitoquímica del potencial medicinal de esas plantas. Algunos de los análisis fitoquímicos y biológicos se harían en la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela. Los demás en Suiza.

El proyecto incluye, además:

  • El análisis de"... la distribución de las plantas medicinales, los venenos y las plantas mágicas entre los Yanomami".
  • Una determinación de la distribución de los recursos botánicos medicinales en el territorio Yanomami.
  • Una evaluación cuantitativa de esos recursos.
  • Un análisis de las estrategias culturales de los Yanomami para el manejo de estos recursos.

El proyecto incluye, en realidad, una compilación de la farmacopea Yanomami en Venezuela.

Los conocimientos ancestrales del pueblo Yanomami sobre plantas medicinales, venenos y plantas mágicas, son también parte del estudio. Con este propósito se incluyen entrevistas de los investigadores con los Yanomami "...sobre el uso y cuidado de plantas medicinales".

LEY DE BIODIVERSIDAD

Es evidente que Venezuela debe agilizar la aprobación de una ley para la administración, protección y aprovechamiento de su biodiversidad. Es uno de los países más ricos en recursos genéticos del mundo. Una ley que reconozca y administre con destreza el valor económico y estratégico de esa diversidad genética. Una ley que además proteja a la Nación de decisiones apresuradas, interesadas o negligentes sobre la materia.

Debemos además reconocer derechos fundamentales de las comunidades indígenas, en términos compatibles con principios elementales de dignidad y de justicia, así como con los acuerdos internacionales que Venezuela haya suscrito y que esten directa o indirectamente relacionados con los derechos de los indígenas.

Sin embargo, la falta de instrumentos legislativos adecuados no justifica que el gobierno llegue a acuerdos como este, sin consultar con los indígenas y sin reconocerles sus derechos mas elementales. Fueron ignorados en la fase de preparación y negociación del proyecto, cuando el gobierno acuerda con un ente extranjero el acceso a sus propios conocimientos tradicionales, con fines potencialmente comerciales, sin ser consultados al respecto.

El Gobierno autoriza la presencia de investigadores extranjeros en territorio indígena, investigándolos a ellos mismos y a los recursos naturales de su lugar de vida, con fines potencialmente comerciales, mientras que les niega a esos mismos indígenas el derecho a compartir directamente los beneficios que estas actividades puedan generar.

La dignidad indígena fue insultada al establecerse en el contrato la repartición de una "limosna", equivalente a unos 5 mil dólares, para "...los que colaboren con la investigación". Una actitud chantajista y generadora de divisiones en la comunidad indígena.

El Ministerio del Ambiente se apoderó del valor tanto de los recursos genéticos como de los conocimientos tradicionales de la población Yanomami, al incluir en el contrato que es el Ministerio el que puede recibir compensaciones económicas por concepto de regalías, y compartir los beneficios que puedan derivarse de la comercialización de productos.

A los Yanomami, por el contrario, se les niega un reconocimiento similar, el derecho a recibir regalías por los beneficios económicos que puedan derivarse de sus propios conocimientos tradicionales, o por el aprovechamiento comercial de productos por ellos identificados, probados en sus propios cuerpos para diferentes fines.

Este derecho ha sido explícitamente relegado a un plano secundario y posterior, sujeto a la buena voluntad de los Suizos. Una buena voluntad que queda sevéramente cuestionada por la forma en que se adelanta y acuerda esta negociación, sin la participación de los indígenas.

Se han negociado los conocimientos de los Yanomami sobre la selva a la que pertenecen, con la que mantienen inusitados vínculos y relaciones ancestrales. Sus conocimientos sobre las selvas que les dan vida, que consideran su hogar, que protegen sus espíritus y los de sus muertos.

Las selvas que tanto quieren, que ni siquiera las consideran suyas. Las perciben más como las selvas de sus hijos y de sus nietos. Ellos sólo están administrándolas, temporalmente. Es lo más valioso que le van a dejar a sus descendientes.

Las riquezas de estas selvas no son ni pueden ser de otros.
Menos de los diablos blancos.