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Amazonia: el verde de la desesperanza

En 1993, el Presidente brasileño anunciaba, mediante un Decreto Presidencial, la demarcación de 9,4 millones de hectáreas como territorio yanomami.

Pero la alegría inicial que suponía este hecho ha ido desvaneciéndose, se ha vuelto a revisar y no hay dinero que facilite la demarcación.

Organizaciones como la CCPY (Comisión para la Creación del Parque Yanomami) y otras muchas ONG de defensa de las tribus indígenas de la Amazonia, exigen algo más que estos "lavados de cara".

Javier Rico

Hablar de la Amazonia es hablar de la mayor masa forestal ininterrumpida de la tierra, de la mayor cuenca hidrográfica del planeta por cuya desembocadura pasa la quinta parte de todas la aguas dulces terrestres, del mayor banco genético del globo con dos millones de especies de plantas y animales, y de la población indígena más peculiar de América.

Pero también es hablar de su paulatina destrucción. Entre 1987 y 1988 los incendios forestales provocados arrasaron una superficie equiparable a la de España. Centrales eléctricas como las de Tucuruí, Balbina y Samuel han anegado enormes masas forestales y el Plan 2010 de la empresa Electrobras contempla la construcción de 22 centrales más.

La cría de ganado de engorde en grandes haciendas es una de las causas principales de la destrucción de la selva tropical, y su efecto devastador sobre las poblaciones indígenas ha provocado que se vean reducidas a menos de un millón de indios, cuando en el año 1500 su número sobrepasaba los cinco millones.

Los esfuerzos de la Funai.

Una de las poblaciones indígenas más maltratadas por el avance de carreteras, minas y explotaciones agrarias son los yanomami, que representa el grupo más numeroso de indígenas tradicionales brasileños.

La reciente demarcación de su territorio no elimina los recelos de Stephen Corry, director general de Survival International, una de las Organizaciones más activas de defensa de los yanomami junto a la CCPY. "El Parque Yanomami -afirma Corry- sólo existe sobre el papel. El siguiente paso es asegurar que se demarquen sus límites sobre el terreno y que sean debidamente respetados, operación costosa que las autoridades dejarán que se prolongue largo tiempo mientras mil mineros continúan en tierras yanomamis.

La Funai (Fundación Nacional del indio), organismo encargado de la defensa de los indios y de sus tierras, conoce muy bien el problema de estas comunidades. A pesar de haber sido acusada en ocasiones de actuar en connivencia con los intereses de latifundistas y grandes multinacionales, ha tenido un papel importante en la creación de parques naturales y reservas indígenas, y en la demarcación de sus territorios, a la vez que canaliza las protestas que llegan de fuera del Brasil respecto a este problema.

A diferencia de otros países amazónicos, en Brasil ningún pueblo indígena es propietario real de sus tierras y sólo se les reconoce el derecho de utilizarlas.

Hace algo más de tres años, algunas de estas comunidades indígenas celebraron en el estado de Para, en pleno Amazonas, el Primer Encuentro de los Pueblos Indígenas del Xingú. Kayapos, txicaos, txucarramaes, suias y krenakoes, entre otros que habitan la región del río Xingú, protestaban por la tala indiscriminada de su selvas y por la intención de construir seis centrales hidroeléctrica en el curso del río. Pero a pesar de las protestas de este tipo, las cosas no parecen haber mejorado sustancialmente.

José Santamarta, portavoz de la Comisión Pro Amazonia de España, dice que "ante el anuncio de demarcaciones indígenas, como en el caso de los yanomamis, hay que ser prudentes, los intereses de empresas mineras como Paranapanema y de las militares están presentes. Por otro lado, con la demarcación de los territorios reconocidos a los indígenas no terminan los problemas. Los kayapo tienen demarcado su territorio y sin embargo continúa la extracción de oro en los garimpos cercanos".

La agonía yanomami.

Esta tribu es una de las más afectadas por las extracciones de oro en sus tierras, y a pesar de estar protegidos en la parte venezolana de la Amazonia, en Brasil se están viendo continuamente privados de su tierras. En los últimos dos años han muerto más de mil quinientos indígenas yanomamis. Si tenemos en cuenta que la población entonces era de nueve mil indígenas yanomamis, en porcentajes equivalentes, esto supondría la muerte de 6,5 millones de personas en España.

El primer asalto a las tierras yanomamis tiene un nombre: Perimetral Norte. Esta carretera bordeaba la frontera norte brasileña aniquilando trece comunidades yanomami. Las carreteras que atraviesan la Amazonia son las vías por las que fluye la gran corriente migratoria de los pobres y desheredados del sur y del nordeste hacia el oeste. Aunque la Perimetral Norte no llegó a construirse, las obras preliminares bastaron para introducir, en las aldeas yanomami afectadas, enfermedades como la gripe, el sarampión, la malaria y enfermedades venéreas.

Hasta entonces, las poblaciones yanomamis eran fuertes y sanas. Pero las carreteras no venían solas en el afán del gobierno brasileño de abrir la Amazonia a cualquier precio. Desde 1979, la Amazonia sufre una auténtica fiebre del oro en la que más de 600.000 garimpeiros (buscadores de oro) y diversas empresas mineras producen oficialmente entre 80 y 120 toneladas anuales de oro, provocando una grave contaminación por el mercurio empleado para amalgamar el polvo de oro.

Sólo al territorio yanomami llegaron a mediados de la década de los ochenta cerca de 45.000 garimpeiros. De nuevo, la invasión de los desposeídos de Brasil, que en mu¬chos casos estaban enfermos y no sabían nada sobre los indígenas, diezmaron las comunidades yanomamis y sufrieron por primera vez la agresión de mineros sin escrúpulos.

La Casa do Indio, en Boa Vista, acondicionada por la Funai con dos médicos y un hospital, se ve desbordada por la falta de medios y de medicinas adecuadas. José Santamarta, que estuvo hace pocos meses en la Casa do Indio, afirma que "la situación ha mejorado sensiblemente y todo depende del mayor o menor contacto con los pocos garimpeiros que quedan, ya que el gobierno los está echando de estas tierras. Aun así, los casos de malaria son espeluznantes".

Davi Kopenawa Yanomami salió de Brasil en 1989 para, como portavoz de su pueblo, pedir ayuda médica de emergencia. En la recogida del premio "Right Liverlihood", en nombre de Survival International, Davi hizo un llamamiento angustioso: "Los garimpeiros lo ocupan todo, construyen casas, matan a nuestro pueblo y actúan como si fueran los dueños de nuestras tierras...

Queremos que los blancos nos ayuden a defender nuestras tierras, que trabajen codo con codo con nosotros para conservar nuestra forma de vida... quiero ayudar a los blancos a aprender cómo construir un mundo mejor junto con nosotros, para el bien de todos". En 1991 el gobierno, creó un Programa de Salud especial para los yanomami después de recibir presiones de organizaciones no gubernamentales tanto brasileñas como internacionales.

La vida en el "shapono".

"Se ha enseñado a muchos miembros de nuestro pueblo a beber cachaça (licor de caña), que es mortal para ellos." Estas palabras - de Davi Kopenawa reflejan la influencia desoladora que las costumbres han provocado en su pueblo. Los yanomamis, completamente desorientados, se han visto en muchos casos obligados a mendigar y en otros han sufrido la pérdida de su dignidad al socavarse todas sus creencias y todo su sistema cultural.

Pero un pueblo inmerso en espesos bosques pluviales, con torrentes poco navegables y al que sólo se puede acceder por aire, no pierde tan fácilmente su forma de vida tradicional. Los yanomamis viven en shaponos dentro del espeso bosque. Allí construyen con troncos de árboles y cubiertas con hojas de palma unas inmensas casas circulares abiertas en el centro.

shapono

Los shaponos están habitados por 25 a 400 personas y es un poderoso símbolo de vida comunitaria. El pueblo yanomami es eminentemente agricultor. Obtiene un 80 por 100 de su alimentación del cultivo, y un 10 por 100 de la caza. Desde pequeños aprenden a ser personas, a exigir venganza por el daño de que son objeto, pero también aprenden a ser generosos y a compartir.

Los yanomami aumentan su prestigio según los dos valores que más aprecian: la capacidad para compartir y la igualdad. Trabajan un promedio de casi cuatro horas diarias para satisfacer todas sus necesidades materiales, y aplican toda su inteligencia e imaginación a la observación más pausada de la naturaleza y al desarrollo de complejos rituales y ceremonias.

Su actitud hacia la vida asegura un uso equilibrado y restringido del bosque.

Guaraníes, awas y tukanos

Pero los yanomamis no son los únicos que sufren las consecuencias de una explotación irracional de la selva. Un caso patético es el de los guaraníes. El pasado año eran conocidos casos de suicidios entre los miembros de esta tribu dentro del Área Indígena de Dourados, en Mato Grosso del Sur. Según una psicóloga de la Funai que trabaja en la reserva, se trata de una epidemia de suicidios debida a la pobreza y falta de expectativas de los indios.

awa

Los guaraníes lo achacan a los poderes de "hechizos malignos" que actúan sobre la reserva y ante los que se encuentran indefensos al carecer de algún chamán que los proteja, ya que los brujos han sido exterminados por los blancos en su mayoría.

Una de las últimas tribus auténticamente nómadas de Brasil también se enfrenta a una posible extinción. Se trata de los awas, un pueblo pacífico que vive en grupos aislados. Según datos de Survival Internacional, existen 100 awas con los que nunca se ha contactado. Su dispersión provoca que sean fácilmente vulnerables a cualquier encuentro con la gente que llega de fuera ya que les arrebaten sus tierras.

tukanos

El problema de las demarcaciones territoriales no es ajeno a la tribu de los awas. En 1985, un grupo de trabajo gubernamental identificó 247.000 hectáreas de tierras contiguas como territorio Awa. Este área nunca se ha demarcado y a lo máximo que se llegó en 1988 fue a la demarcación de 65.000 hectáreas.

El resto de la zona ha sido invadida por cientos de colonos y el propio Banco Mundial ha reconocido que esta zona tan pequeña "pondría en serio riesgo la supervivencia de este grupo de indígenas". La gripe, el sarampión y la tuberculosis introducidos, una vez más, por gentes ajenas a estas tribus, han diezmado a los awas.

Los tukanos habitan el tramo superior del río Negro, en la frontera entre Brasil y Colombia. La mayoría de los 5.000 indígenas tukanos viven de la caza y de la recolección en los bosques situados entre dos brazos del Río Negro, donde explotaban ellos mismos una pequeña mina de oro desde 1984. Esta tribu, que ya ha asimilado algunas formas de vida externa debido a la presión a la que se ven sometidos, utilizan métodos manuales en la extracción del oro sin necesidad de recurrir al mercurio o las explosiones.

guaranies

El oro se destina a comprar frijoles, arroz y material educativo. Desde los primeros años de la década de 1970 los tukanos mantienen una larga y enconada lucha para conseguir la demarcación de sus tierras. En este caso, el principal obstáculo es el ejército, que desea las tierras para fines relacionados con la defensa.

Hace escasamente un año, y según fuentes de Survival International, 28 soldados llegaron al campamento tukano de la sierra de Traira y acusaron a 123 indígenas de traficar ilegalmente con oro y drogas con la vecina Colombia. El comandante sentenció a los tukano "Olvídense de que esta tierra fue tierra india”.

En una reciente visita a España de Mary Allegretti, compañera del líder sindical y ecologista asesinado Chico Mendes, comentaba que "la solución a los problemas de la Amazonia depende de los propios brasileños". El propio gobierno brasileño, pero también los mineros, colonos y militares, han de ser conscientes de ello.

NOTA: este reportaje es del año 1992, qué ha cambiado desde entonces?