Es un acuerdo de mínimos, insuficiente y ambiguo
El pasado 30 de enero, en Montreal, los delegados de los 128 países firmantes del Convenio de Biodiversidad de NN.UU. aprobaron por fin un Protocolo de Bioseguridad para regular el comercio internacional de organismos transgénicos.
Los esfuerzos obstruccionistas de un pequeño número de países (el llamado "grupo de Miami": EE.UU., Canadá, Argentina, Uruguay, Chile y Australia) han conseguido dilatar ocho años, y aplazar a lo largo de siete rondas negociadoras, el acuerdo sobre un conjunto mínimo de normas internacionales de bioseguridad.
Lo que estaba en juego, esencialmente, era si el libre comercio debe prevalecer sobre los intereses sanitarios y medioambientales de la gente (posición del "grupo de Miami"), o al revés. El resultado final no nos satisface: a nuestro juicio el Protocolo de Cartagena/ Montreal es ambiguo e insuficiente, pero al mismo tiempo reconocemos que supone un paso adelante respecto a la situación previa. Hablamos de ambigüedad e insuficiencia porque:
- El acuerdo alcanzado se refiere exclusivamente a los organismos transgénicos vivos, dejando fuera todos los productos derivados (como es el caso de los piensos, por ejemplo, aunque sus materias primas provengan de organismos transgénicos). Además, para los transgénicos vivos que se empleen directamente como alimento o pienso los requisitos de seguridad que impone el Protocolo son más laxos.
- En las transacciones comerciales no se exigirá un etiquetado detallado que contenga toda la información sobre las manipulaciones genéticas desarrolladas y las características de esos productos. En el caso de los transgénicos destinados a procesamiento, o al consumo directo como alimentos o piensos, bastará una claúsula genérica que rece "puede contener organismos vivos modificados", lo cual nos parece insuficiente y va en contra del concepto de seguridad alimentaria que necesitamos en nuestra sociedad.
- El acuerdo no hace referencia a la rastreabilidad de los organismos transgénicos, imprescindible por razones tanto ambientales como de salud pública.
- Hemos reclamado desde hace tiempo que las consideraciones sobre diversidad biológica y seguridad alimentaria prevalezcan siempre sobre las normas internacionales del libre comercio contempladas en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sin embargo, el Protocolo aprobado en Montreal no lo asegura, sino que solamente asigna un rango igual a sus normas y decisiones que a las de la OMC. Los conflictos, en esta situación, serán en algunos casos inevitables.
- La capacidad de veto a las importaciones se basa en que el país importador rechace las pruebas científicas aportadas por el país exportador sobre la base de una duda científica razonable. No queda definido qué se entiende por duda razonable, lo que facilita que la OMC rechace el veto del país importador. También ha quedado para el futuro un acuerdo sobre la evaluación de riesgos.
- El Protocolo no es de aplicación inmediata, sino que tiene un período transitorio. Entrará en vigor como pronto en el 2002 (necesita la ratificación de al menos 50 países). Hay que recordar que en la Conferencia de la OMC en Seattle se acordó la constitución de un grupo de trabajo sobre biotecnologías que puede acelerar sus resoluciones durante este período transitorio, antes de que el Protocolo de Bioseguridad haya establecido condiciones más precisas de etiquetado, haya acordado lo que se entiende por "duda científica razonable" y haya establecido los criterios para la evaluación de riesgos sobre la salud y el medio ambiente.
No obstante estos defectos, el Protocolo supone un avance en el desarrollo de una legislación ambiental internacional, ya que
- se trata del primer acuerdo ambiental internacional que emplaza el principio de precaución dentro sus disposiciones operativas (y no sólo como retórica bienintencionada);
- somete la importación de ciertas categorías de organismos transgénicos vivos a un proceso de consentimiento previo informado;
- puede permitir a países que aún no disponen de un marco legal estricto sobre bioseguridad construirlo sobre bases más razonables.
La aprobación de este Protocolo, que recoge algunas de las demandas de las ONGs y los agentes sociales que han intervenido en el debate sobre transgénicos con un punto de vista crítico (basado en el principio de precaución), no hubiera sido posible sin la intensa movilización mundial de los últimos años, y la solidaridad entre organizaciones del Norte y del Sur.
No vemos por el momento razones para disminuir esta movilización, sino más bien para incrementarla –en nuestro país y en el conjunto de la Unión Europea—de manera que logremos condiciones de uso para las nuevas biotecnologías que no pongan en riesgo la salud pública, la protección ambiental ni los valores socioeconómicos que defendemos (como el modelo de una agricultura y ganadería ecológicamente respetuosa y basada en la explotación familiar).
Seguimos reclamando una moratoria para los cultivos transgénicos comerciales y la comercialización de alimentos transgénicos, así como la prohibición de las patentes sobre la vida.
Ecologistas en Acción