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Normas más rígidas en EE.UU. para alimentos transgénicos

Washington, Reuters.

El gobierno americano se propone requerir mayor información a los fabricantes, antes de que éstos pongan a la venta alimentos con ingredientes genéticamente modificados (también conocidos como transgénicos u OGM, Organismos Genéticamente Modificados).

Se está muy lejos, sin embargo, si es que alguna vez se lo adopta, del etiquetado obligatorio para diferenciar estos productos, lo que es reclamado por los activistas antitransgénicos.

El etiquetado es una prioridad para esos grupos de presión, que en Europa han hecho campañas exitosas contra lo que, aludiendo a los OGM, llaman "comida Frankenstein". Demandan mayores pruebas sobre la seguridad de los alimentos y sobre el efecto de los cultivos en el medio ambiente. No han logrado instalar esa misma preocupación, en cambio, en la opinión pública americana.


La principal agencia de regulación alimentaria en EE.UU., la FDA (Food and Drug Administration, o Administración de Alimentos y Medicamentos), no piensa en etiquetado obligatorio, sino en proponer, antes de fin de año, que quienes desarrollen nuevos alimentos deban consultarla antes de lanzar a la venta productos transgénicos. Hasta hoy tales consultas han sido un procedimiento habitual, aunque voluntario.

Medidas anticipadas

Otra iniciativa de la FDA, también prevista para este año, será la elaboración de normas para quienes, voluntariamente, resuelvan incluir en la etiqueta información sobre la presencia o no de componentes OGM.

Ambas medidas habían sido ya anticipadas por el presidente Clinton, corno parte de un paquete de decisiones orientado a "crear confianza en los consumidores", adecuar las normas a los cambios tecnológicos y garantizar que quienes incluyan en la etiqueta información sobre el origen biotecnológico o no del alimento proporcionen "información veraz y no equívoca".

En el marco de esta nueva política de la Casa Blanca, las empresas del sector alimentario deberán informar a la FDA sobre los nuevos cultivos o alimentos, con una antelación no menor a 120 días de la fecha de ingreso al mercado. Una vez analizada la información, la agencia hará públicas sus conclusiones sobre la seguridad y la situación regulatoria del producto en cuestión.

Si bien la aprobación no sería exigencia previa a la puesta en circulación comercial, la agencia se reserva el derecho de establecer ese requisito eventualmente.

Kelly Johnston, de la Asociación Nacional de Procesadores de Alimentos -una organización de fabricantes?, opinó que "todo el mundo está de acuerdo con la consulta obligatoria". Aunque consideró que la aprobación previa a la comercialización sería "onerosa", así como dilatoria en el caso de productos que estuvieran ya en condiciones de salir a la venta.

Poco y tarde

Dos dirigentes de grupos de consumidores expresaron objeción a las medidas. Michael Jacobson, del Centro para la Ciencia al Servicio de la Comunidad, y Carol Foreman, de la Federación de Consumidores de América, consideraron que lo que la FDA se proponía no alcanzaba para garantizar a los consumidores la seguridad de los nuevos productos.

"Es demasiado poco, demasiado tarde", dijo Jacobson, y consideró errado el proceso "poco transparente y semivoluntario" con el que se examinarán los OGM.

Foreman y Jacobson dirigieron una carta a la FDA en la que reclaman un sistema de revisión más estricto, en el que el público tenga acceso a la información suministrada por los proponentes, así como a los motivos de su aprobación o rechazo por la agencia.

Plantean, además, que los titulares de los nuevos desarrollos soliciten formalmente su aprobación, y que sólo luego de concedida ésta, les sea permitido comercializarlos.

Posiciones centristas como ésta son equidistantes, en el debate sobre alimentos transgénicos, entre las empresas que los crean y fabrican, y sus opositores más intransigentes.

Etiquetado voluntario

Tanto activistas como industriales prevén, en lo inmediato, sólo el etiquetado voluntario. Dos proyectos de ley que obligaban a explicitar en la etiqueta el origen biotecnológico no suscitaron mayor interés en el Congreso.

Jane Rissler, de Unión de Científicos Preocupados, un grupo proponente del etiquetado obligatorio, consideró que hacerlo voluntario es un engaño al consumidor. "La gente quiere otra cosa. Así no podrá distinguir entre un producto con transgénicos no declarados y otro libre de ellos."

Para los industriales, en cambio, se trata de algo sin sustento real en la opinión pública, cuya verdadera intención es inducir el rechazo del producto identificado.

El mes pasado, siete organizaciones ecologistas de representantes de consumidores lanzaron una campaña para forzar a la empresa Campbell Soup a dejar de utilizar ingredientes de origen transgénico en sus sopas, jugos, pan y otros productos.

transgénicos

Campbell es el mayor fabricante mundial de sopas, y el blanco inicial escogido por una coalición integrada por Greenpeace, Amigos de la Tierra, Centro Para la Seguridad Alimentaria y otros cuatro grupos.