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Los españoles condicionan el despegue de los transgénicos

Garbiñe Plaza (Cinco Días, 25/07/2000)

Medidas para evitar la contaminación.

La superficie mundial destinada a los cultivos genéticamente modificados se elevará, este año, a 42 millones de hectáreas, según las previsiones de la Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea. El estudio sobre el impacto económico de estos cultivos en el sector agroalimentario revela la "creciente preocupación" de los consumidores sobre los supuestos efectos nocivos de los productos transgénicos.

El documento destaca el fuerte despegue registrado por la superficie sembrada desde 1996, tras la investigación que comenzó en los años ochenta para utilizar semillas transgénicas en la agricultura. Las promotoras de los estudios fueron las empresas estadounidenses, cuyos mercados han crecido significativamente y son las que lideran el mercado.

La Dirección General de Agricultura considera "motivo de preocupación el aumento de la dependencia de los agricultores respecto a un número cada vez más limitado de proveedores, y la tendencia a la verticalización del sector debido a los acuerdos entre sociedades de biotecnología e industrias de semillas, como es el caso de Monsanto y Cargill".

Los responsables comunitarios subrayan el riesgo de que los agricultores se vean "asfixiados" entre la industria biotecnológica y las empresas de distribución comercial de alimentos, que constituyen "más o menos dos oligopolios".

La preocupación de los ciudadanos en relación a los efectos sobre la salud de los productos genéticamente modificados frena, desde 1999, las fusiones entre las compañías del sector. Hasta el momento, en la UE son los consumidores italianos, españoles y portugueses los que tienen una percepción más positiva de la biotecnología en general.

Superficie controlada.

En 1999, el área dedicada en el mundo a la siembra de organismos genéticamente modificados (OGM) fue de 41,5 millones de hectáreas y para 2000 se prevé un incremento de medio millón de hectáreas. Estados Unidos absorbió el pasado año el 70% de la superficie mundial, seguido de Argentina. Dentro de Europa, España es el primer productor.

De la producción total de transgénicos en el mundo, el 69% son organismos resistentes a los herbicidas (lo que compañías como Monsanto y AgrEvo aprovechan para ampliar sus ventas de fitosanitarios); el 21%, resistentes a los insecticidas, y el 7% contienen ambos tipos de genes.

La comercialización de productos modificados ha desatado batallas entre sectores sociales y políticos. De momento, la Comisión Europea ha planteado la necesidad de acelerar el final de la moratoria que se aplica desde 1998 a la autorización de estos productos.

Los responsables de la UE consideran "ilegal la moratoria de facto introducida en abril". Este organismo es partidario de levantar la moratoria una vez que el Consejo de Ministros y el Parlamento Europeo concluyan su procedimiento de conciliación para aprobar una nueva directiva que prevé condiciones más estrictas de autorización, sin esperar a su transposición en las legislaciones nacionales.

Los Estados de la UE aplicarán inmediatamente normas provisionales para evitar la contaminación de semillas convencionales con organismos genéticamente modificados a la espera de una legislación comunitaria. Expertos de los Quince ultiman un texto que se aplicará después de su adopción, prevista para julio.

Los Quince impondrán un límite máximo tolerable de presencia accidental de transgénicos en las semillas convencionales, que será de un 0,5%.

La iniciativa pretende evitar situaciones semejantes a las ocurridas en el Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y Luxemburgo, donde se sembró colza transgénica importada por error dentro de lotes de semillas convencionales originarias de Canadá.

Tras este suceso, la UE ha decidido no esperar la propuesta que la Comisión Europea presentará en los próximos meses sobre una legislación comunitaria armonizada en materia de semillas transgénicas y se ha puesto manos a la obra para introducir, mientras tanto, normas transitorias. El texto está prácticamente acabado, a falta, únicamente, de detalles técnicos sobre los procedimientos para vigilar el respeto del límite máximo.

El Libro Blanco sobre Seguridad Alimentaria publicado a principios de año por la comisión destaca la necesidad de poner en marcha una normativa armonizada sobre semillas modificadas y sobre su etiquetado. Antes de que saliera a la luz el escándalo de la colza canadiense, la comisión se había fijado como plazo máximo para la presentación de sus propuestas el mes de diciembre de 2000.

A la vista del accidente, los trabajos se aceleraron para terminar el proyecto sobre la normativa definitiva lo antes posible.

La legislación europea ya limita a un 1% el contenido máximo accidental de transgénicos en los alimentos elaborados, pero no existe todavía ninguna regla en lo que se refiere a las semillas.